Temas & Opiniones

EL MURO INVISIBLE

Por O. Edgar Jofre. 2019-11-09

 

El muro de Berlin

Justo en medio de la capital alemana una pared de tres metros y medio y 43 kilómetros de longitud se levantó entre 1961 y 1989, separando forzosamente a sus habitantes. Era un muro de ladrillo, cemento y alambre de púas resguardado por soldados armados, perros y obstáculos antitanques, que dividió a los alemanes por mas de 28 años. El Muro de Berlín comenzó a ser construido el 13 de agosto de 1961 y se llevó a cabo en cuatro etapas. La segunda etapa se caracterizó por la construcción de una segunda pared de 100 metros de la primera y en paralelo a esta, conformando una tierra de nadie en el medio que llegaría a ser conocida como "la franja de la muerte" donde los guardias de frontera tiraban a matar. Se calcula que 7000 soldados estaban afectados a su custodia. Todo este dispositivo fue montado con el único fin de evitar que los ciudadanos del este emigraran a occidente, y por tanto las diferentes capas de obstáculos y las fortificaciones ofensivas miraban exclusivamente hacia el este. No fue nunca una trinchera defensiva para evitar una invasión desde el oeste ni una barrera para controlar el flujo masivo de inmigrantes hacia el este. Todo esto comenzó como resultado del final de la Segunda Guerra Mundial cuando Alemania fue sometida por los aliados, quedando la totalidad de su territorio en manos de Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, El muro vio su nacimiento cuando la parte ocupada por la Unión Soviética no permitió que los Estados unidos llevara a cabo su modelo de gobierno en la Alemania conquistada. Este fue el comienzo de la denominada Guerra Fría, entre yanquis y rusos.  El lado oeste quedó ocupado por norteamericanos, franceses e ingleses, mientras que el lado este fue exclusividad de los rusos. Cuando la democracia volvió a Alemania, EE. UU. Francia y Gran Bretaña se retiraron del territorio alemán, mientras que Rusia recién lo hizo cuando llegó el turno de la Perestroika. La famosa Cortina de Hierro se cobró la vida de cientos de habitantes del este en su puja por abandonar este territorio.

 

Por lo general se construyen muros para impedir invasiones desde el exterior con el propósito de de proteger a sus habitantes, pero en el caso de Alemania del este era todo lo contrario, el muro impedía que sus habitantes escaparan hacia la libertad. Todo comenzó con un cerco de alambre de púas colocado por los norteamericanos para diferenciarse de las políticas económicas de los rusos. Pero los rusos recogieron el guante y paulatinamente lo que parecía una división inofensiva se convirtió en un muro fortificado que solo podía atravesarse a riesgo de la propia vida. Aunque parezca mentira hace exactamente 30 años que este ejemplo de país vio su fin, pero queda la sensación que este modelo de pensamiento no ha sido totalmente desterrado. Lamentablemente tenemos que reconocer que los seres humanos en muchos aspectos somos constructores de muros hacia adentro, que impiden nuestra libertad y la de otros. En tal sentido vivimos y pregonamos a los demás que vivan el mismo estilo de vida, un estilo de vida mezquino potenciado por nuestras máscaras y agudas neurosis que lo único que nos han enseñado es a vivir de forma reprimida. Si, porque lo mejor nuestro duerme en las penumbras , en el subsuelo y solo sale a la superficie el odio, la mezquindad, la venganza, la envidia, la insolencia. Ahogamos el espíritu y dejamos que la materia se levante como dominadora de nuestra alma y las consecuencias terminan en un tipo de cárcel de muros infranqueables de los que es imposible escapar. Jesús nos enseñó que cuando un ciego guia a otro ciego seguro que caerán en el mismo pozo, dijo esto en relación directa contra los que se han empecinado en construir muros que impiden la libertad. El Señor trataba enérgicamente a aquellos que bajo el manto de la religión o la política impedían con sus acciones la libertad de sus semejantes. 

 

Jesús se especializa en libertad. El profeta Isaías declaró con años de antelación a la venida del Mesías que este vendría dar libertad a los cautivos. La naturaleza del ser humano es como la ley de gravedad siempre le empuja hacia abajo, a su rincones mas oscuros y primitivos, allí donde nos hay luz  con la que pueda ver la realidad que tanto necesita. Herencia y cultura crean muros que se transforman en adicciones a todo tipo, vivir al límite es el desafió, al límite del matrimonio, al limite de la familia y sociedad, al límite como persona, siempre transgrediendo y rogando no ser alcanzado por la justicia. Pero eso no es vida, mas bien es un infierno que quema por todas partes. Se necesita el mismo esfuerzo para triunfar como para fracasar, pero nuestra naturaleza heredada es aliada de lo prohibido por lo tanto estamos destinado a errar el blanco de la vida. Para eso vino Jesús para revertir nuestro destino, para cambiar nuestra naturaleza, para darnos libertad de todo lo que nos aprisiona. La herencia y la cultura quedan eclipsadas por el poder de la gracia del Señor. El poder insuficiente que mora en nosotros que nos impide domar nuestras pasiones queda doblegado por el poder del Señor y lo que hasta ahora era una cárcel con muros fortificados pasa a ser un puente que nos relaciona con el verdadero autor de la vida. Jesús dijo en una oportunidad que el vino para que tengamos vida, vida abundante. Un estilo de vida jamás conocido, que trasciende lo imaginable, esa vida que no estamos acostumbrados pero que es necesaria porque de lo contrario solo sobrevivimos. ¡Se trata de vivir! Vivir una vida sin ambigüedades, sin retoques, ni remiendos. Una vida cien por ciento eficaz. ¡Jesús es el autor de la vida! Entendemos la vida a partir de Jesús. Jesús dijo: "Yo soy la vida", no podemos separar la vida de Jesús, es la misma cosa, son uno. Todo lo que se denomine vida y no esté relacionada con el Señor es solo una copia del modelo original.

 

La vida es una sola. Jesús no es el creador de una vida para el cielo y otra para la tierra. No poseemos una vida para cada ocasión. Lamentablemente la vida ha sido manipulada hasta los límites más extremos. La ciencia tiene su opinión particular sobre la vida, ocurre lo mismo con la religión, pero ambas posturas son de carácter limitado, por mas que trabajen sobre el tema no pueden sondear su profundidad. Si Jesús es el autor de la vida entonces es algo serio, merece toda consideración y respeto. Solo damos a la vida su máximo valor a partir de Jesucristo. Queda reflejado el valor que le doy a la vida en la manera que me conduzco y como trato a mis semejantes. Solo basta echar una mirada a Jesús y veremos la vida en su grado mal alto. Como El trataba a los enfermos, a los débiles, a los niños, a los pobres, a los sufrientes, a los vulnerables, a las mujeres, a los ladrones, a las prostitutas, a los endemoniados, nos indica el respeto que le dedicaba a sus semejantes. Jesús nos enseñó que vida y esperanza van de la mano, aquellos que se cruzaron en su camino heridos por la fatalidad en su salud física o psicológica, o por ser discriminados, o por la pérdida de un ser querido, a todos, El les devolvió la esperanza y el deseo de valorar la vida a pesar de lo vivido. Con Jesús la vida imposible parecía razonable, alcanzable. El con su ejemplo no solo reedito el verdadero valor de la vida, también nos dejó ver que la vida que practicábamos estaba muy lejos de su mejor versión. No vino para hacernos sentir mas miserables de lo que ya éramos, sino todo lo contrario, nos ayudó a vivir la vida que El vivía. El poder de su vida trajo como consecuencia la resurrección de la verdadera vida que nosotros necesitamos. Puso su vida a disposición de toda la humanidad para que esta recobrara su razón de ser y fuera una con su Creador. 

 

Jesús también nos enseñó que el ladrón vino para robarnos la esencia de la vida. Vemos esto cuando se construyen muros alrededor nuestro, o de la familia o de la sociedad; cuando vallamos el perímetro impidiendo con esas capas de neurosis adquiridas ahoguen lo que somos llamados a ser. El muro de Berlín comenzó a ser construído el 13 de agosto de 1961, en un contexto de fuertes tensiones entre Estados Unidos y Rusia y ante el deterioro de las condiciones de vida en el lado este y el flujo incesante de inmigrantes hacia el oeste (se calcula que 2,7 millones de personas abandonaron Alemania del este). La libertad siempre encuentra oposición. La esencia del ser humano es ser libre, no obstante existen aquellos que a toda costa desean tener al hombre subyugado. Vida es sinónimo de abundancia, no tenemos porque llevar una existencia mediocre, mezquina, dubitativa. Cuando con nuestras acciones apagamos la vida perdemos las mejores posibilidades de ser. Aunque el miedo nos paralice, aunque crecer duela, el esfuerzo lo vale, debemos cruzar el muro, huir hacia la libertad, romper todo arquetipo que se ha forjado a lo largo de nuestra existencia, No existe motivo para para que vivamos prisioneros detrás de muros creados por nosotros, o por otros. Nadie entendió este concepto mejor que el apóstol Pablo, el vio en Jesús al único capacitado para derribar el muro que impide que el ser humano sea libre y pueda experimentar la verdadera vida (Ef. 2:14). Jesús lo ha hecho. El ha derivado esa pared intermedia que había entre tu y el Padre. Dios ama verte libre de todo tipo de cárcel que te oprime y ahoga tus posibilidades. No existe muro, no existe cárcel, no hay nada que te puede mantener prisionero. La obra completa llevada a cabo por Jesús en la cruz es la garantía completa de una libertad incondicional... Esta semana se cumplen 30 años de la caída de la Cortina de Hierro, no obstante existe un muro invisible que aun no ha sido derribado. Según un estudio llevado a cabo por Germán Padinger, los habitantes de la ex Alemania del este siguen rezagados en su desarrollo en puntos tan importantes como ingresos, trabajo, educación, religión y política, en comparación con los habitantes de Alemania occidental. El muro no está más, pero su integración a la libertad les es costosa. Parece ser que haber vivido tantos años en cautividad les impide poder digerir la libertad obtenida. Son libres, pueden vivir como sus otros hermanos alemanes, pero todavía no lo han logrado. Me temo que muchos integrantes de la iglesia cristiana de hoy experimentan algo similar, les cuesta digerir la libertad de Jesús ganada en la cruz del calvario y viven prisioneros dentro de un muro invisible.

 

O. Edgar Jofré.