Temas & Opiniones

PACTO

Por O. Edgar Jofre. 2019-11-30

 

 

"El Retrato de Dorian Gray" es un libro del escritor Oscar Wilde. Si bien es una obra biográfica, también encierra una protesta contra la doble moral que llevaban sus compatriotas ingleses. El libro hace referencia a un joven llamado Dorian de finas cualidades y hermoso aspecto que es causa de admiración para los demás. Consciente de su belleza física Dorian le pide a un amigo pintor que le retrate para hacer eterno ese momento. El retrato se lleva a cabo dejando una obra  de arte que rosa la perfección. Al ver su imagen en el lienzo, interiormente Gray está tan emocionado que tiene un pensamiento fuera de lo normal, pagaría cualquier precio para que su aspecto actual se eternizara como en la pintura. Ese deseo se convierte en un pacto inconsciente que termina, para su asombro, haciéndose realidad. Ocurre algo impensado, con el paso del tiempo es la imagen del retrato la que se va desgastando mientras que en la vida real su aspecto y juventud no sufren deterioros. Pero Dorian no sabe manejar este momento, debido a la eternidad de su belleza lleva una vida disipada que le hace acumular error tras error; se convierte en seductor de muchas mujeres, en ladrón y hasta en un asesino, pero nadie lo puede atrapar, mientras tanto en el retrato cada mala acción suya va dejando una marca de deterioro. Cansado de ver como la imagen en el cuadro se va desgastando decide cubrirlo con una tela y guardarlo en el ático. Mientras tanto no cambia su forma de vivir, pasa el tiempo y su aspecto físico sigue igual. Una noche luego de cometer un asesinato llega a su casa  y se le ocurre ver el retrato abandonado en su ático, al levantar el lienzo que lo oculta descubre una terrorífica imagen deteriorada por el paso del tiempo, que desde uno de sus puños emana un hilo de sangre. Desesperado toma su navaja y arremete contra la pintura haciéndola pedazos. Al día siguiente su criado encuentra tirado en el piso del ático a un hombre envejecido, con aspecto terrorífico, sin vida, por su anillo descubren que se trata de Dorian Gray, mientras que en el retrato se encuentra un joven de hermosa y perenne figura.

 

La cultura social de la época del siglo XIX entre los ingleses era reconocida a nivel mundial por su opulencia, esto se podía apreciar en su forma de vivir, vestir, los modales, el carisma, la educación, pero a la vez eran vanguardistas en la colonización de pueblos usando los más bajos instintos de crueldad. La doble moral instaurada en su nación llevó a Wilde a protestar desde su libro, dando a entender que esta solo beneficia al que la práctica, pero deja un tendal de personas rotas a su paso. El escritor indica que la doble moral es un juego siniestro que si no se hace algo al respecto esta termina convirtiéndose en una neurosis colectiva  importante. La doble moral de una persona, de una familia o de una sociedad desencadena una serie de sucesos que termina minando sus cimientos. Los ingleses vivían un presente como el retrato de Dorian Gray, exteriormente todo parece estar bien pero su interior agonizaba. La doble moral es una constante también en nuestra época en la sociedad actual donde una institución como la Iglesia no escapa a sus tentáculos, especialmente entre los líderes. Aparentemente se puede tener una imagen sobria delante de la congregación y en vez de sacar provecho de los dones que el Señor da para edificar la iglesia, estos se usan con fines propios donde lo único que hace es minar la obra de Dios. En nuestra época es común y hasta avalado por otros ver personas que se denominan representantes del Señor pero que su dualidad deja entrever su doble moral no solo en el terreno sexual, sino en terreno económico y , en el más grave, según las Sagradas Escrituras, como es el terreno religioso. Dios en su Palabra trata al pueblo y los líderes de doble moral como alguien que se ha prostituido. ¿Cómo se puede concebir que un líder de la iglesia odie, veje, difame y se erija por juez sobre otro? Acciones de este tipo no hacen más que demostrar su desnudez. La forma de como trato a mis semejantes en un fiel reflejo de como soy yo como persona. Jesús trató a los religiosos de la época como sepulcros blanqueados y guías de ciegos debido a la forma que estos tenían de liderar.

 

La doble moral religiosa de la actualidad merece ser combatida sin exceptuar a nadie que la practique. Cuando la Biblia indica que no se debe tomar el nombre de Dios en vano hace una referencia directa a como yo represento las cosas Divinas. Muchos queremos beneficios y no responsabilidades en la obra del Señor, y algunas de estas responsabilidades encierran el deber de amar, perdonar, pacificar y reconocer a mis semejantes. Somos personas únicas creadas por Dios, nadie puede reemplazarnos, si alguna iglesia tiene como modalidad echar a aquellos que él envió algo está mal. No tenemos ningún derecho de erigirnos como señores de la Iglesia. Siempre la iglesia se consideró como el ícono de protección, contención y abrazo para todas las personas sin distinción. La iglesia es la encargada de encausar al que ha errado el camino, la que cura al que está herido, la que sostiene una sociedad endeble y contradictoria. Se considera a la iglesia como una casa de puertas abiertas para todas las personas sin excepción. La imagen que debería dar la iglesia es que todo ser humano sepa que en ese lugar hay contención para él, sin importar su situación social, política, ni religiosa. La iglesia debería ser el baluarte para todos aquellos que han sido heridos por las circunstancias de la vida. Por supuesto que en la iglesia debe existir la disciplina, pero una disciplina que da vida, no una que desarraiga y mata. La iglesia tiene las armas que el Señor le ha dado para levantar, consolar y encausar al que ha fallado. A Dios no le sobra ninguna persona, debemos ser imitadores de Él. A la iglesia le debe importar el que se ha descarriado, no burlarse de él, ni criticarle, ni señalarle, todo lo contrario, debe salir a buscarle y convencerle para que vuelva al redil. He visto en ocasiones en algunas escuelas de mi provincia un cartel que dice: “No nos sobra ningún niño”, en alusión a que los automovilistas que transitan por el lugar lo hagan con cuidado, creo que esto es aplicable a la iglesia, esta debería saber que no le sobra ninguna persona y por lo tanto, principalmente sus líderes deberían, transitar con mucho cuidado.

 

La iglesia debe ser ejemplo para los demás de como se debe tratar a una persona. Cuando el valor social  se pierde la anarquía no tarda en reemplazar la dirección del Señor. La iglesia no debería ser un club  solo para algunos escogido. En la iglesia debería primar la pluralidad porque de ese ambiente es de donde se sacan los mejores talentos que nutren el desarrollo de la congregación. En la iglesia que yo nací sus líderes eran personas de carácter abierto que sin selección daban lugar a todos. Niños, jóvenes, adultos, ancianos; hombres y mujeres se sentían útiles y reconocidos en un ambiente de fraternidad y cariño. Las personas llegaban a montones porque sabían que allí no serían avergonzadas, degradadas, ni puestas en ridículo. Las Escrituras dicen: “Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lc. 13:29). Así de pluralista es el Señor. El no quiere que se pierda ninguno, que ninguno abandone su iglesia, que ninguno sea echado de la iglesia. Es a la iglesia que le ha sido entregado el ministerio de la reconciliación, es su deber salir a buscar los que se han perdido, los que se han apartado del redil, es deber de la iglesia salir a buscar a los que han sido echados por líderes sin escrúpulos ni compasión. La iglesia en estos tiempos debe recobrar su identidad, sacudirse el polvo del egocentrismo, la frialdad de sus decisiones y la estreches mental. La iglesia debería enojarse, con ira santa como lo hizo Jesús cuando se encontró con líderes religiosos improvisados, egoísta y réprobos. La iglesia debería censurar a los líderes mediocres que se tornan intocables escudándose detrás de un poder que no poseen. El poder de Dios funciona bajo cierta normas. La Biblia enseña que Dios dio todo a sus hijos por lo hecho por Jesús en la cruz, esto incluye su poder, un verdadero hijo de Dios es un buen administrador del poder que el Señor da.

 

Un líder de la iglesia del Señor que es consciente del poder que le ha sido delegado debería temblar ante tamaña responsabilidad y santificarse diariamente como hacían los antiguos líderes de Israel porque sabían que su oficio era de carácter conciliador. Santificarse más allá de consagrarse es un acto continuo de purificación para que su vida sea un puente entre el Señor y las personas. Muchos líderes en las iglesias actúan de tapón entre Dios y los hombres, impidiendo el flujo de poder del cielo. Ejercen  una autoridad que no les ha sido dada (no entienden que son administradores, no dueños de la iglesia) y de forma permanente ponen a Dios por testigos de sus decisiones, decisiones en las cuales Dios nada tuvo que ver, pero como se denominan líderes de la iglesia la gente vulnerable les cree. No hay autoridad mayor que la de Dios, solapadamente hay líderes que sacan provecho de esta situación con el único fin de eternizar el presente momento. Inconscientemente hacen un pacto para perpetuarse en el poder a costa de un alto precio. Nos olvidamos que nosotros estamos de paso, somos solo instrumentos en la manos del Señor para un tiempo determinado. El que permanece inmutable, el único que no cambia es Dios, por lo tanto es el único que sabe manejar su poder de forma adecuada. Lucifer trató de manejar el poder de Dios y su final fue muy triste. No podemos apropiarnos de cosas que no nos pertenecen y  que no sabemos manejar adecuadamente, debemos ser lo suficientemente humildes para ser un vaso en las manos del Señor y dejar que el haga con nosotros de la maneara que prefiera. Antiguamente los judíos tenían temor de citar el nombre de Dios, esto certifica el tipo de consagración que tenían hacia las cosas sagradas. Hoy el nombre de Dios es usado de forma permanente pero con tan poco respeto que roza la vulgaridad, lo que refleja el grado de inmadurez con el que nos acercamos a Dios. ¿Qué queda si manipulamos nuestra única esperanza? ¿Creemos acaso que tenemos vía libre para manejar la autoridad de Dios a nuestro criterio? Los religiosos del tiempo de Jesús manipularon las enseñanzas de Dios y terminaron convirtiéndolas en un manojo de preceptos y costumbres carentes de poder. ¿Creemos acaso que nosotros tendremos más suerte que ellos? Así como no tardó en llegar la intervención de Jesús dejándolos expuestos, así sucederá con aquellos que recibieron autoridad de Dios pero terminan manipulándola.

 

El pacto de Dorian Gray fue eternizar su ego, no le interesaba para nada las exigencias de su espíritu. Cuando los verdaderos valores son trocados por ansias personales nos convertimos en una copia barata del modelo original. Los pactos personales que no tienen el aval de Dios siempre fracasarán. El pacto de Dorian Gray estaba plagado de egoísmo e irracionalidad, todo lo contrario al ideal de la Biblia, el apóstol Pablo nos enseña que “… mientras nuestro exterior se va desgastando, nuestro interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). Pablo había rendido su vida a Jesús. Entendió que lo espiritual está sobre todo lo demás. Este es el mejor pacto que un ser humano puede desear. Creo que es hora de revisar bajo qué tipo de pacto nos conducimos.

 

O. Edgar Jofré.