Temas & Opiniones

EL OTRO

Por O. Edgar Jofre. 2020-01-04

 

Hace algunos días falleció mi madre. Padecía demencia senil. Según la Clínica Mayo define esta patología como "un conjunto de pensamientos y síntomas sociales que interfieren con la vida cotidiana. La demencia no es una enfermedad específica sino un grupo de trastornos caracterizados por el deterioro, de al menos, dos funciones cerebrales: la memoria y la razón". El desarrollo de la enfermedad en mi madre data de varios años, empezó con pequeños síntomas de pérdida de memoria, a lo que siguió pérdida de la razón en cosas puntuales, y ciertos focos de agresividad verbal que por suerte no terminaron en físicas. Los últimos diez años fueron para ella un ir y venir de la razón a la irrealidad agravándose en los últimos seis meses. Si alguien se acercaba, sean familiares, amigos o vecinos, ella mostraba toda su cordialidad, cariño y respeto, pero esta instancia duraba poco porque de una u otra manera terminaba alejando todos sus afectos. Le gustaba vivir sola y aislada la mayor parte del tiempo, aunque siempre regañaba a los demás por sentirse en soledad. Creo que mi mayor frustración como hijo radica en no haber entendido a mi madre a partir de su enfermedad, desconocedor del tema la trataba como a una persona normal. Si bien es cierto que este tipo de enfermedad es de carácter irreversible existen ciertos métodos de ayuda que atenúan el impacto. Perder la razón de la realidad suele significar graves problemas en la persona y su entorno. La vida nos enseña de aquellos que afectados por diferentes patologías suelen ser los más incomprendidos. En la mayoría de las personas existen diferentes tipos de neurosis que si se tratan adecuadamente pueden ser controladas, de lo contrario estas degeneran hábitos más perniciosos hasta desencadenar una patología irreversible. Por supuesto no todos los casos son iguales, pero lo que se convierte en necesario es el apoyo incondicional del entorno del afectado. Estamos agradecidos por los diferentes profesionales que estudian cada caso y se dedican a contener a las personas que han sido heridas psicológicamente, pero esta ayuda es limitada sino se lleva a cabo en conjunto con los allegados al enfermo. Existen numerosos ejemplos donde la solidaridad hacia los semejantes es dejada de lado lo cual no hace mas que reflejar cual es la actitud social hacia los más vulnerables.

 

Jesús nos desafía a ser solidarios contando una historia que terminaría revolucionando el pensamiento de aquella época. Se trata de un hombre que fue robado y herido por ladrones que le abandonaron a la orilla del camino. Tres personas pasaron luego por allí en diferente orden, primero un sacerdote, luego un levita y por último un samaritano. Los dos primeros no quisieron comprometerse, pero el tercero sí, no solo le socorrió, sino que lo llevó al hospital mas cercano y pagó la consulta y cuidado. El sacerdote y el levita eran personas religiosas cercanas a Dios, pero con conceptos sociales muy limitados. Según la costumbre de la época se cree que el sacerdote no se acercó al herido porque pensó que estaba muerto y no quería contaminarse según la leyes de su religión. Esta situación deja entrever el conocimiento parcial que tenían del significado de consagración y santificación. El sacerdote no se percató que aquella era la oportunidad para ejercer su vocación. Como sería de limitada la conciencia social al respecto que este ejemplo citado por Jesús se lleva a cabo mientras debatían sobre quién era el prójimo, como si una persona puede ser mi prójimo y otro no. Estaban tan equivocados que esta actitud les llevaba a condicionar su ayuda hacia los demás. Todos somos encargados de brindar solidaridad a nuestros semejantes, especialmente los que decimos creer en Dios, por que si hay algo que identifica a Dios por sobre todo lo demás es su carácter social. Quien tiene un Dios puertas adentro no hace más que revelar sus limitaciones con relación a su prójimo, por el contrario, aquel que muestra su solidaridad en forma cotidiana compartiendo sus recursos por limitados que estos sean con quien necesita no hace más que imitar al dador de la vida. Existen algunas preguntas que deberíamos hacernos por lo menos una vez: ¿Qué hacemos con nuestros ancianos? ¿Cómo tratamos a nuestros enfermos? ¿Cuál es nuestra actitud con los que menos tienen? El nuevo gobierno en mi país en estos momentos está implementando una serie de ajustes en los que más tienen para con esos recursos ayudar a los más desposeídos debido a la crisis que está pasando la nación, me temo que esta actitud va a traer problemas. En este tipo de sociedad vivo yo actualmente.

 

Martin Buber autor del libro "Yo y Tu" es un pensador judío famoso por su filosofía de las relaciones humanas, sus escritos tuvieron impacto en varios campos del saber como la filosofía, la psicología y la religión. Buber prevé la transformación exterior del ser humano, es decir el cambio entre yo y los demás, esto es así porque según él “las relaciones son un aspecto central de lo que somos. Una persona nunca es un átomo aislado, sino que siempre es una persona en relación, mi identidad como persona se basa en mis relaciones con mis amigos y miembros de la familia, con compañeros y vecinos, con la naturaleza, incluso con Dios, estas relaciones son una parte esencial de lo que somos, no puedo estar separado de ellas”. Buber distingue entre dos tipos de relaciones, “yo-ello”, “yo-tu”. En la relaciones “yo-ello” se refiere a las otras personas como una cosa, lo considera como algo que está ahí delante de él, como algo sobre lo cual piensa, algo que experimento, conozco, manipulo, deseo o trato de ayudar o explotar. Por el contrario “yo-tu” es una relación de cercanía, de estar juntos, en la relaciones “yo-tu” estoy con las otras personas yo no los uso, yo no lo examinó desde la distancia, estoy totalmente junto con él y no hay ninguna distancia que nos separe entre nosotros aunque continuamos siendo dos personas y no una. Las relaciones solo pueden existir entre dos individuos diferentes, estamos plenamente unido el uno con el otro, esta cercanía implica todo mi ser, a diferencia de las relaciones “yo-ello” que involucra solo una parte limitada de mí, solo mi pensamiento, o solo la curiosidad. Para Buber en las relaciones “yo-tu” expreso mi ser completo por tanto soy auténtico, por el contrario las relaciones “yo-ello” son distantes, fragmentarias, parciales, alienantes, son necesarias para fines prácticos. Pero a pesar de que es imposible mantener el “yo-tu” todo el tiempo esta relación es una fuente de sentido y valor para todas mis interacciones y para mi vida en general, como dice Buber: “Sin él “ello” el ser humano no puede vivir, pero todo el que vive solo con el “ello”, no es humano”. Buber destaca el tipo de relación hacia los demás cuando este es usado con fines propios, solo necesito al otro para mi realización. Este tipo de pensamiento fragmentado por ser humano no hace más que allanar el camino del pensamiento bíblico donde el ideal de las Sagradas Escrituras es el amor incondicional hacia los demás. Desde el ámbito humano jamás podremos amar a Dios y al prójimo de manera incondicional, pero si desde el ámbito Divino, esto no hace mas que recalcar lo fundamental que es para la persona tener una relación personal con el Señor.

 

Generalmente nos caracterizamos más por el “yo-ello” que por el “yo-tu”, lejos estamos de tratar al otro como uno igual a mí, por ese motivo terminamos cosechando una serie de acontecimientos en nuestra contra que generalmente se tornan irreversibles. Deberíamos preguntarnos si muchas de las situaciones sociales que vivimos no están relacionadas directamente con el trato hacia mis semejantes. Lo mismo también en la cantidad y tipos de enfermos que tenemos, si su patología no esta directamente unida a algún tipo de abandono. Los problemas están ahí para revertirlos, pero para lograrlo se exige cierta transformación de nuestra parte. La transformación exterior, es decir el cambio entre yo y los demás, solo se puede producir si este cambio se produce primeramente en mi interior y para llevar a cabo el cambio interior necesitamos una relación genuina con Dios, no existe otro camino. Cualquier cambio sin Dios será simplemente un espejismo de corta duración y alcance. El cambio que Dios ofrece es de orden radical porque trata de la transformación de nuestra mente. Un cambio de mentalidad es necesario mas que nunca para terminar con nuestros vicios que solo nos convierten en personas egoístas y manipuladoras. La madre de dos discípulos quiso manipular a Jesús en una ocasión para que dos de sus hijo tuvieran un lugar de privilegio en el cielo (Mt 20:20), los dos hermanos pensaron en el reino como una entidad política, olvidaron que el trono era una cruz. Amar a mi semejante duele, porque el amor encierra compromiso, puedo poseer todo el poder del mundo pero de nada sirve si vivo en soledad, crecer en sociedad cuesta, tendré que renunciar a ciertos privilegios por el bien común, pero esta actitud será la fortaleza de mi semejante y la mía. Jesús compartió todo lo que tenía, hasta la última gota de su sangre por toda la humanidad un claro ejemplo de lo que significaba el otro para El. La relación de Jesús con nosotros es una relación de yo-tu. Cuando dice “yo estoy con vosotros todos los día hasta el fin del mundo”, no hace más que expresar la calidad de su relación.

 

Nos empeñamos en producir un cambio social para espiritualizar a las personas, usando diferentes métodos, sin despreciar sus resultados debemos reconocer que son de corto alcance porque jamás llegarán a cubrir todas las necesidades. Es el cambio espiritual el que trae el cambio social. La historia nos enseña que los verdaderos cambios sociales se ha producido cuando las personas han buscado a Dios. Allí donde se ha producido un cambio Divino solo ha tenido lugar el crecimiento productivo. El trabajo a aumentado, el hambre ha sido controlado, las desigualdades acortados, el crimen y el robo disminuidos. Cuando una sociedad le da la bienvenida al Señor, su destino es crecer. Porque una sociedad en las manos de Dios termina reconociendo sus responsabilidades civiles, sociales y morales. Dios es mucho más que el encajonamiento al que le tenemos sometido, es un ente transformador cuya virtud es el crecimiento y desarrollo de cada ser humano. Al dar la bienvenida a Dios a nuestra sociedad nos estamos asegurando una calidad de vida superlativa que trasciende hasta generaciones venideras. En la medida que le damos lugar a Dios de igual modo es nuestro progreso como individuo. Aquí no se trata de buscar a un Dios ocasional, Dios no puede ser manipulado, se trata de una relación seria, responsable, de respeto. Si yo trato a Dios como un “ello” nuestros fines egoístas quedan expuestos y no tardan en revelar quienes somos. Cuando Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30) dejó entrever el tipo de relación que tenían. Una relación de altura, sinceridad, llena de condimentos civiles y sociales. Una relación llena de respeto, humildad y amor. Los verdaderos valores se pierden cuando perdemos a Dios. Cuando dejamos a Dios de lado, la discriminación hacia mis semejantes no tarda en llegar, especialmente hacia los más vulnerables. La grieta entre los que más tienen y los mas desposeídos solo se agiganta, la corrupción penetra hasta en el ámbito de la justicia, dándole entrada a leyes que solo perjudican la salud social como la pena del muerte, el aborto, la igualdad de género. Sin Dios la cultura es incultura, lo social se torna ambiguo y la voz de los desposeídos acallada. Ojalá que este sea un año de replanteo hacia las cosas humanas y divinas, que no veamos al prójimo como el otro y a Dios como algo arcaico, pasado de moda, de singular importancia. Dios está más vivo que nunca y es vital para nuestro sano desarrollo y crecimiento. Y el prójimo, eso que llamamos “el otro” nos necesita y le necesitamos.

 

 

O. Edgar Jofré.