Temas & Opiniones

MEJORES ESCLAVOS

Por O. Edgar Jofre. 2020-01-11

Los israelitas habían sido esclavos durante tantos años en Egipto que se habituaron a no tener lo suficiente, se acostumbraron a sobrevivir solo a eso. Se sabían inferiores, actuaron como tal, aceptaron su situación. Resignados trataron de cumplir la tarea que se les había impuesto. Se les asignaron dos ciudades en el país que los diferenciaban de la calidad de vida que los egipcios tenían. Cuando faraón se molestó contra Moisés les dijo a sus capataces que los israelitas hicieran la misma cantidad de ladrillos sin darles la paja que ellos necesitaban. De seguro los israelitas oraron: "Dios, por favor ayúdanos a lograr nuestra cuota, ayúdanos a hallar los materiales que necesitamos". Oraron con una mentalidad de esclavos, con una actitud limitada y en vez de pedir ser librados de sus opresores, pidieron convertirse en mejores esclavos. No oraron por lo que Dios les prometió, la tierra fluyendo leche y miel, oraron que les ayudara a funcionar mejor en su disfunción. Los israelitas estaban entorpecidos por su esclavitud. Cuatrocientos treinta años de subyugación pueden amedrentar a cualquier pueblo. La pérdida de identidad se iba transmitiendo de generación a generación, eran hijos de esclavos, nietos de esclavos, y así sucesivamente. Sin derechos, siempre viviendo al límite, sin poseer nada, muchos nacieron como esclavos y murieron siendo esclavos. La esclavitud era el resultado final de malas decisiones tomadas en el pasado. Todo comenzó cuando un muchacho llamado José llegó a Egipto como esclavo, este lucho hasta lograr su libertad y pasar a ser indispensable para el faraón de la época. La nación se benefició de la capacidad de este joven, en cada acción que realizaba se podía ver la mano de Dios, desde cosas pequeñas como la interpretación de un sueño hasta salvar al mundo de la época de una hambruna generalizada. José trajo a su familia, esta comenzó a crecer hasta tomar dimensiones de un pueblo, pero con la muerte de faraón vino otro que no reconoció a los judíos y terminaron perdiendo los derechos adquiridos. Vivir en el primer mundo en libertad fue apasionante pero de la noche a la mañana todo cambió.

 

¿Cuál es tu oración cotidiana? Creo que de todas las oraciones que escucha Dios, de boca de los argentinos, la de estabilidad económica ocupa el primer lugar, dado que en este país es una especie de utopía porque la inflación desmedida siempre ha sido una constante, seguro que también se ora por salud, por trabajo, por problemas de soledad, por problemas familiares, sociales, psicológicos, espirituales, entre otros. También creo que existen peticiones internas, muy personales que casi nunca salen a la luz, no obstante desde el interior del alma son una especie de clamor que solicita una divina intervención. Sería bueno examinar nuestros deseos y compararlos a la luz de los israelitas, quizá lo que estamos anhelando solo sirve para convertirnos en mejores esclavos, es decir, que lo que deseamos recibir en vez de ser una solución, solo agrave más nuestra situación. Los israelitas pedían en su plegarias forraje para poder terminar su tarea diaria impuesta por el faraón cuando en realidad Dios al cuál ellos se dirigían podía darle mucho más que eso. Querían ser mejores esclavos, cuando todo indicaba que lo que ellos necesitaban era libertad. “Pedís y no recibís, porque pedís mal…” dice Santiago en la Biblia. Este sencillo pasaje al igual que la actitud de los israelitas no hacen más que corroborar el alcance de nuestras oraciones. No solo pedimos en forma equivocada sino que también nos quedamos cortos a la hora de pedir. Una expresión que no es muy usada y cuando se hace generalmente es sinónimo de burla y desprecio, es la palabra pecado. Si ahondamos en su significado nos daremos cuenta que pecado significa “errar el blanco”, nos quedamos cortos en el disparo o no damos en el centro. Esa cosa que no tomamos con seriedad es la causante de que no tengamos una idea concreta de la situación en que nos encontramos y de cómo debemos canalizar de manera correcta nuestras necesidades. La Biblia no duda en mostrar este ejemplo vivido por el pueblo judío al resaltar la posición de Dios y la de los hebreos ante un mismo problema: Mientras estos deseaban ser mejores esclavos, Dios ya les había enviado un libertador llamado Moisés.

 

Nuestra sociedad está enferma. Comportamientos moralmente destructivos como el egocentrismo, la insensibilidad, la manipulación y el materialismo están tan incorporados a nuestra vida diaria que a menudo ni siquiera podemos reconocerlos. De mil maneras distintas todos empleamos sutiles formas de agresión al otro y a nosotros mismos que se aceptan como normales en la comunidad. El comportamiento civilizado va desapareciendo de las relaciones entre individuos, entre las parejas, en la vida familiar, en las empresas y las organizaciones. Estas costumbres que hemos terminado adoptando solo hacen de nosotros un esclavo. Un esclavo social que se ha domesticado ante las exigencias de los poderes de turno. Sin ser conscientes del gran precio que significa vivir entre cadenas, nos hemos acostumbrado tanto que estas ya no duelen, si dejan marcas ya no importa (es más las lucimos orgullosos), y cada día que pasa hacemos todo lo posible para convertirnos en esclavos realizados, en esclavos profesionales. No solo somos esclavos, sino que tenemos como ídolos a grandes esclavos, son nuestros referentes. Nuestro ídolo es el que hace dinero por izquierda, el que se droga con la mejor hierba, el que se casa con una persona del mismo sexo y adopta hijos para formar una nueva clase de familia. Ídolos que ganan millones y son aclamados por la sociedad que nos venden su basura y nosotros la consumimos con placer. Son violadores de niños pero nosotros cantamos sus canciones, son mis bóginos, pero compramos sus libros y vemos sus películas, son políticos ladrones pero nosotros les votamos el día de la elecciones. Las cadenas relucientes de la esclavitud moral están a la vista y no nos conmueven, no nos desafían, es algo normal, es un estilo de vida. Alguien tuvo que enseñarnos a ser perdedores, alguien nos cautivó y conquistó. La historia cuenta que el 23  de agosto de 1883 se aprobó la Ley de abolición de la esclavitud y a partir del 1 de agosto de 1834 entro en vigencia quedando libres todos los esclavos, por fin se terminó el mercado de seres humanos más cruel que haya experimentado el planeta. Si bien es cierto que en la actualidad el comercio de seres humanos en prohibido por la ley, la esclavitud no se ha retirado, más bien se ha potenciado, usando una forma más sutil, renovada y de vanguardia, teje sus hilos y en su trama alberga a millones que los hace sentir orgullosos de sus cadenas.

 

La palabra “denigración” deriva del latín niger que significa “negro”, esto implica la desvalorización de las personas como si fueran esclavos negros. Este era el caso de los israelitas, eran denigrados por lo egipcios poseedores de un narcisismo importante. Uno no se convierte en un esclavo de la noche  a la mañana, es un proceso en el que generalmente están involucrados otras personas carentes de civismo. El esclavo es más propiedad que persona y cuando sus deseos difieren de los de su amo, este no la toma en serio porque el otro es un objeto, una cosa, es el rival, el enemigo. La esclavitud ha sido abolida precisamente porque fue juzgada como una forma de comportamiento organizativo carente de ética. Donde quiera que exista esclavitud encubierta, solo refleja la falta de civismo. La esclavitud encubierta puede existir en un matrimonio cuando unos de lo cónyuges trata al otro como un bien personal no como una persona libre poseedora de su propio criterio, lo mismo en el resto de la familia, o en una institución o en un país, cuando los semejantes son tratados como propiedad, como un objeto, como el enemigo, los tentáculos de la esclavitud quedan revelados. El fomento de la esclavitud siempre encierra algo turbio, marcado por el egoísmo hace a sus semejantes inferiores. La Biblia siempre ha sido la voz de Dios en favor de la libertad, cuando Adán y Eva son creados mas allá de la diferencia de sexos, son un complemento el uno del otro. Son entes separados, pero con los mismos derechos, donde su unión física, psicológica y espiritual invitan al progreso. La caída del hombre no hace más que mostrar su peor faceta, una de ellas en es nacimiento de la esclavitud. Al perder su norte el ser humano es presa de su inseguridad  la cual lo lleva a cometer todo tipo de errores. El hombre separado de Dios y de su dirección generalmente termina haciendo agua, tratando de sobrevivir paga un alto precio que lo priva de ser una persona original y lo convierte en un ser egoísta y manipulador. La igualdad por sobre todo lo demás es el mensaje de Pablo que nos viene desafiando hace más de dos mil años al expresar: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno… “ (Ga. 3:28). 

 

Existe algo más que ser mejores esclavos, la mayoría hemos experimentado un estilo de vida subyugado, limitado, lleno de incertidumbre. Hace años mi pastor tuvo que ir a la escuela de sus hijos porque allí se realizaba un evento relacionado con la libertad, en un momento dado del acto estaba previsto abrir la jaula de un ave que tenían en cautiverio para que esta emprendiera el vuelo en presencia de todos los allí convocados. Todo se desarrolló con normalidad hasta que llegó lo más esperado, cuando se abrió la puerta de la jaula, para sorpresa de todos el 0000 no abandonó su hábitat, tuvieron que ayudarla a emprender el vuelo ante el asombro y la algarabía de los presentes. El ave estaba diseñada para volar, pero ella no lo sabía porque no conocía la libertad, estaba acostumbrada a vivir en hacinamiento. Algo similar le ocurre al ser humano, desconocedor de su potencial, lamentablemente ha terminado cegado por el modelo de esclavo adquirido. Las condiciones están dadas para vivir en libertad, pero ha pasado tanto tiempo en esclavitud que la libertad es solo una quimera. La jaula está abierta, los atributos están dados para que el hombre se apropie y sea libre, pero estamos acostumbrados a la esclavitud, hemos pactado con la esclavitud, es más, en ciertas ocasiones nos llevamos bien con nuestras cadenas. Dios no quiere esclavos por más buenos que sean, su anhelo es la libertad de cada ser humano sin excepción. El mensaje de Dios a través de Jesús desde la cruz es de total liberación. Jamás podremos ser libres de nuestra prisión, sino no es por medio de Jesucristo. Cualquier otro tipo de liberación es de carácter superficial y pasajero. Desde el día que el Hijo de Dios expiró en la cruz la jaula quedó abierta para que todos los esclavos puedan gozar de su redención. La libertad es un estilo de vida que se eleva por sobre las prisiones más terribles y oscuras que uno pueda experimentar. No hay prisión, no hay cadenas, no existe cadalso que pueda opacar la libertad lograda por Jesús en Gólgota. Hoy más que nunca la necesidad de libertad se vuelve imperiosa, el mundo lo ha intentado y ha fracasado, es hora que le demos una oportunidad a Jesucristo.

 

¿Encuentra el 2020 a la iglesia del Señor libre o esclava? Sometida ante poderes de turno que han minado su progreso, robado sus credenciales y dejada en orfandad, da la impresión que la iglesia se debate entre el espíritu del mundo y el Espíritu del cielo, porque está permitiendo que hordas de lo profano se introduzcan en sus filas con el fin de quedarse. ¿La luz del mundo y la sal de la tierra no estarán pasando unos de sus peores momentos?  Da la impresión que la iglesia del Señor agoniza, perdida en la oscuridad de sus malas decisiones, con una identidad fraccionada y con credenciales que se desmoronan ha perdido credibilidad. Su luz se convierte en tinieblas por permitir el ingreso de la oscuridad del mundo. No se puede pactar con las tiniebla. La santificación no se asocia con el pecado. La consagración no está basada en las costumbres de este siglo. La iglesia es el organismo que reúne a todos los que han sido liberados por Jesús, esto es muy sencillo, en la novia del Señor no hay lugar para esa mancha llamada esclavitud, si así fuere, ha perdido su identidad, transita un camino muy peligroso. Los líderes deberían preguntarse si los miembros en su congregación son esclavos o libres. Si la esclavitud del mundo se ha introducido en la iglesia es porque la iglesia no ha salido a buscar los esclavos del mundo. Si una iglesia carece del poder del Espíritu Santo, que es el que blinda sus filas y le da autoridad para mantener las tinieblas a raya, es porque la comunión con su Señor es deficiente, ocasional y de carácter superficial. La oración de una iglesia debería ser la oración de Raquel: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gn. 30:1), pero la realidad es que son los hijos de la propia iglesia que la están matando con la conducta que tienen. Los grandes avivamientos comenzaron en la comunión con el Señor. Si hay algo de que carece la iglesia en este tiempo es su relación con lo Divino, su comunión es deficiente. Tenemos tiempo para todo lo demás, pero no para conversar con el Señor. Un esclavo vive condicionado, un esclavo no tiene derechos, un esclavo carece de autoridad, es más, siempre estará bajo autoridad. Hay que identificar, atacar y terminar con los focos de esclavitud en la iglesia de lo contrario estos subyugaran a toda la congregación.

 

 

O. Edgar Jofré.