Temas & Opiniones

RESISTENCIA AL CAMBIO

Por O. Edgar Jofre. 2020-01-25

 

 

 

El matrimonio terminó adoptando el muchacho que estaba en una institución de menores, había llegado allí debido a su reincidencia en la delincuencia. Cuando era pequeño sus padres literalmente lo habían abandonado porque la mayor parte del tiempo la pasaban drogados, el estado les quito la tenencia y lo alojo en una de sus instalaciones, en espera de su adopción. La pareja que lo adoptó era muy diferente a sus progenitores, todo el tiempo le mostró su cariño, siempre le alentaba, y a pesar que el joven seguía delinquiendo, no perdían la esperanza de su regeneración. Pasaron los años y la situación no cambio, una noche alguien entró en la casa del matrimonio adoptivo y les quitó la vida. Los investigadores descubrieron que fue el muchacho que aquella pareja años atrás había abierto las puertas de su vivienda para dar asilo al que ellos creían que un día se podía encausar. Según los peritos encargados de estudiar el caso, el joven cometió asesinato porque temía que un día su padres adoptivos vieran la realidad y se dieran cuenta de que él nunca iba a cambiar.

 

Este joven tenía asumido que no cambiaría jamás. Seguramente que en reiteradas ocasiones trató de expulsar el monstruo que vivía en él y no pudo lograrlo, ese monstruo de resentimiento, ira y dolor que había heredado a causa de la disfuncionalidad de sus padres. Herido en la profundidad de su ser se sentía inmerecido de cualquier acto de bondad hacia él. Había sido herido de muerte, solo estaba capacitado para dañarse y dañar a los demás. El rencor, el odio, la venganza eran su estilo de vida. El sol no brillaba para él como brillaba para los demás, el amor brindado por sus padres adoptivos no fue suficiente para apagar ese fuego interior que devoraba todo a su paso. A veces puedes ser herido de tal manera que lo único que bridas a lo demás es tu rabia, tu agresividad e insolencia. Hay personas que no soportan el peso de sus heridas y en consecuencia arremeten contra los demás sin excepción sin importar el precio que deban de pagar. Acorralados en su mundo interior, victimas de las oscuras circunstancias terminan aislados creado sus propios códigos. Arrasan con todo a su paso como un huracán que solo deja desastre por done va.

 

Solía visitar los sábados por la mañana el Instituto Penal de Chimbas en mi provincia para llevar la Palabra del Señor a los internos. En esa reunión de dos horas acudían todo tipo de personas con causas penales: ladrones, estafadores, violadores, asesinos; algunos con condenas leves, otros condenados a vivir perpetuamente dentro de los muros de la cárcel. En ocasiones algunos se quebraban y hablaban de su miserable situación. En cambio otros no eran conmovidos por nada, se les notaba en su rostro la amargura profunda que tenían y al mirarlos a los ojos uno se daba cuenta que eran personas que habían cerrado la puerta a toda esperanza. Un hombre que no pasaría los cuarenta años de edad y que purgaba condena perpetua contó con lujos de detalles delante del grupo como había matado a su esposa embarazada y sus dos hijitos, lo hacía sin ningún tipo de arrepentimiento, es más me pareció que disfrutaba de su sadismo, me dio la impresión que si tuviera otra oportunidad lo volvería hacer. El clima se enrareció, los que antes se habían emocionado contando sus errores quedaron helados, la reunión no volvió a ser la misma.

 

La Biblia habla de casos similares de personas que tenían como meta perjudicar a los demás, jamás estaba en sus planes cambiar ese estilo de vida. Reyes, sacerdotes, profetas, emperadores, políticos, hombres y mujeres cuyo fin era el daño del otro. Este tipo de inconsciencia letal está instaurada desde hace miles de años entre los seres humanos, convirtiendo al hombre en un depredador de sus semejantes. Es cierto que las cárceles del mundo están llenas de personas que dañaron a otros, pero no es menos cierto que en la vida común, entre los que están en libertad, el mal adquiere una forma más sutil, pero es igual de macabro. Consciente o inconscientemente  muchos buscas la destrucción de su semejante. En el ámbito político que debería ser el encargado de llevar igualdad entre sus semejantes, en mi país por ejemplo, es un antro de corrupción desmedida que no hace más que tratar arbitrariamente a los demás. El hambre es una constante y eso se debe a la falta de empatía en los gobernantes de turno, la maldad existe entre los líderes de mi país y lo peor de todo es que no tienen ninguna intención de cambio. Es un estilo de vida, una cultura, arraigada en la más profundo de su consciencia con el fin de dañar al más débil, al desposeído, al que no tiene los atributos para defenderse. Los que han sido elegidos para impartir equidad, son los que más daño ocasionan a la nación. Su impunidad es terrorífica, las redes tejidas entre la justicia, el ejecutivo y los encargados de legislar solo ponen en evidencia la vacuidad de poder. Sabemos que el mal existe, pero lo peor es cuando este es fomentado. Se necesita un cambio de mentalidad, una nueva visión de la vida, es necesario despertar el espíritu de un país que ha sido vilmente engañado por sus semejantes. Argentina necesita un cambio de paradigma y eso se lleva a cabo solo por Jesucristo.

 

La iglesia debe ser la encargada de demostrar al mundo que la solución verdadera solo viene por el Hijo de Dios, pero si esta ha perdido su norte estamos en graves problemas. Si la iglesia actúa como los gobiernos de turno de Argentina no tenemos futuro, estamos destinados a seguir penando. Hay una generación justo en este momento que clama por justicia, por equidad y esperanza. La iglesia es la encargada de llevar paz, consuelo y fe a los que han sido heridos en la vida y no tienen adonde acudir. La iglesia es desafiada a levantarse como un baluarte donde puedan llegar los que han sido abortados por el mundo. Es la hora del cambio. Es la hora de la iglesia. Pero si los líderes de la iglesia han trocado los interese de Dios por los suyos el puente se ha roto y la ayuda destinada para esta ocasión descansa en la bodegas del cielo. Se necesitan líderes con el corazón de Dios, que no tengan negociados con el mundo, que ganen sus batallas en la rodillas y que cuando abran su boca las personas sean estremecidas por el poder de Dios. Basta de alimento rancio, la Palabra de Dios debe ser actualizada y la doctrina resucitada porque es esta la que traerá los frutos que no perecerán. La pereza, la madre de todos los vicios, debe ser combatida de entre las filas de los cristianos y se debe dar la bienvenida al fuego del Espíritu Santo para que resucite el amor por las almas perdidas. Nuestro país se encuentra sin rumbo, desorientado, guiado por personas sin principios y carentes de sensibilidad, la Iglesia conoce el camino, sabe que la promesas de Dios son poderosas, que pueden derribar todo tipo de fortalezas, que nada puede parar el poder de Dios. La iglesia tiene las armas para preparar a este pueblo para la gran cosecha que el Padre le ha entregado a su Hijo. Argentina no esta fuera de los planes de Dios, cuando la noche alcanza su mayor oscuridad principia el amanecer. La Biblia dice que cuando abundo el pecado, sobreabundó la gracia. Este es el día, este el tiempo, está a la puerta ver la gracia de Dios en toda su dimensión.



Existe una ley en física llamada entropía, esta como los agujeros negros devora todo a su paso, según esta ley no hay futuro para el universo tarde o temprano todo terminará en nada, la raza humana está destinada a desaparecer, esta ley resiste el cambio, todo marcha hacia la destrucción. La Biblia es clara y específica al respecto, desde que el pecado entró en el mundo su objetivo ha sido la destrucción de todo lo creado por Dios. A través de los siglos personas de diferentes clases sociales no han hecho mas que honrar con su estilo de vida la ley del pecado, y por supuesto darle toda la razón a la ley de entropía. Es imposible el cambio, se ha dicho, por eso encontramos familias destrozadas, comunidades enteras sumidas en la pobreza, países de vanguardia abrazando la disipación. "Comamos y bebamos porque mañana moriremos", dice el apóstol Pablo en una de sus cartas, en alusión directa a este tipo de pensamiento. Ya en esa época se vivía de tal manera que reflejaba que el cambio era imposible. Creo que más allá de que el cambio sea imposible, la verdadera razón es que nosotros nos resistimos al cambio. Un cambio verdadero, que destierre el egoísmo, que levante las banderas de la justicia y equidad. Un cambio que regenere nuestra naturaleza caída y que ponga fin al oprobio y la vejación de los semejantes. 



Cuando Jesús vino a al mundo se encontró con esta realidad en todo su esplendor. Niños y mujeres sin derecho, desigualdades sociales, esclavitud imperante, imperios subyugantes, y lo que es peor, los encargados de acercar a Dios a los seres humanos, estaban sumidos en una desorientación total, secos espiritualmente. A través de los siglos la fuerza del pecado había ahogado comunidades enteras alrededor del mundo esclavizándolas sin esperanza. Pero Jesucristo tenía un mensaje diferente. Este consistía en volver a la fuente, al origen. Este mensaje estaba lleno de verdades que habían sido olvidadas. El ser humano se acostumbró a vivir en mezquindad, limitado, ciego a la posibilidad de un cambio radical. Jesucristo con su menaje conmovió como nadie este planeta y lo desafió a dejar la pereza de lado, confrontó el pecado y usando su vida como ejemplo dio por tierra toda argumentación que tenía esclavizada a la raza humana. El mensaje de Jesús indicaba que se puede ir contra la ley de entropía, se puede contra el pecado, no existe ningún caso imposible, aún la situación más critica se puede revertir. El mensaje de Jesucristo llena de esperanza a los pobres, a los enfermos, a los que han fracasado,. Este mensaje no ha dejado de penetrar a través de los años en toda la redondez del globo. En los palacios, en lo hogares más humildes, en las tribus más recónditas, la verdad de Jesucristo ha triunfado sobre toda ley de destrucción y ha terminado dando la esperanza que tu y yo necesitamos. ¿Es difícil cambiar? puede ser, pero no es imposible, Jesucristo abrió el camino hacia una liberación total y completa, nada impide que el ser humano alcance su realización.

 


O. Edgar Jofré.