Temas & Opiniones

TALENTO VS. VENGANZA

Por O. Edgar Jofre. 2020-02-01

 

Mauri debe ser uno de los mejores saxofonistas que ha dado San Juan. Solo escucharlo erizaba la piel. Tocaba con el alma. Cuando ejecutaba una melodía en su saxo se transportaba y transportaba a todo su auditorio a otro nivel de realidad. Poseedor de un talento único cuando se le escuchaba, uno se daba cuenta que existe algo más allá de la vida rutinaria. Desde muy pequeño se esforzó por lograr la perfección en cada nota en su instrumento, fue tan disciplinado en su estudio que devoraba cada partitura que llegaba a sus manos. En una ocasión se enteró que el mejor maestro en saxo estaba en Chile, escaso de recursos cruzó veinte veces la cordillera haciendo dedo y un par de veces caminando por el solo afán de perfeccionarse. No le importaba el hambre, el frío, el cansancio, su meta era una sola: dominar su saxofón, y lo logró. Tuve la oportunidad de hablar con él en una ocasión en su casa, solo hablaba de saxo, por todas partes en su cuarto se encontraban diseminadas hojas de partitura de composiciones inéditas que nunca vieron la luz. El instrumento ha sido su vida, quien lo escuchaba quedaba extasiado, era como si el cielo invadiera la tierra. Los conocedores de música dicen que Mauri podría haber conquistado el mundo, pero Mauri tiene un adicción, es alcohólico, un alcohólico patológico, le da lo mismo beber vino que alcohol etílico. En varias ocasiones fue contratado para ofrecer sus conciertos, con localidades agotadas, pero él no se presentó porque se había emborrachado, una a una fue dilapidando sus oportunidades hasta quedar relegado en el olvido. El papá de Mauri, hoy rehabilitado, también fue un alcohólico que durante años hizo mucho daño a su entorno familiar. Mauri empezó a beber aunque no le gustaba el alcohol, lo hizo por venganza, para que su padre viviera en carne propia lo que es tener un borracho en la familia. 

 

La sed de venganza de Mauri impidió prever las consecuencias de quedar atrapado en una adicción. Su talento quedó aprisionado en un rincón de su ser. Aquello por lo que tanto se había esforzado fue  relegado y ahora toca ocasionalmente para sí, o para algunos amigos, nada más. Su música sigue sonando pero poco a poco va perdiendo ese brillo que lo hiciera famoso. Nadie lo contrata, recluido en la oscuridad de su habitación de vez en cuando por las noches se escuchan unos acordes entrecortados que invitan a la tristeza. Desde lo profundo de su saxo ahora sale dolor, ese dolor que no hace más que expresar la situación de su alma. Transita su vida con escasos periodos de sobriedad, vende todo lo que está a su alcance para saciar su adicción. Me confesó que hay algo que no vendería nunca, es su saxo. Lo que le ocurre a Mauricio le puede pasas a cualquiera de nosotros. Estamos en este mundo para ejecutar la mejor música, es decir para ejercer nuestro talento a pleno. Se requiere disciplina y dedicación para transformar ese carbón, llamado talento, en un diamante precioso. La Biblia enseña que cada uno tiene su talento y la capacidad para ejecutarlo. Todo ser humano está destinado a brillar, así ha sido diseñado, no tienes que esforzarte por tener un talento, ya lo tienes, solo debes pulirlo hasta que este alcance la perfección. Es imposible que un diamante no brille, su luz se esparce en diferentes direcciones lo mismo ocurre cuando un talento ha llegado al clímax, su destino es brillar desde cualquier ángulo. Pero hay que transitar con mucho cuidado por este mundo, existen los devoradores de la luz, su fin es apagar todo lo que brille en ti. Jesús lo expresa de esta manera: “Mira pues, no suceda que la luz hay en ti, sea tinieblas” (Lc. 11:35).

 

Mauri poseía un talento extraordinario, pero la sed de venganza apagó toda esa luz que había dentro de él. La Biblia cuenta de un muchacho poseedor de un talento superlativo, pero a la vez acosado por un entorno que siempre conspiraría para que él no llegue a brillar. Desde muy pequeño sobresalía del resto, su padre se dio cuenta y lo trataba de otra manera, hizo notar a los demás que era su hijo preferido y lo vestía de tal manera que marcaba la diferencia con los otros. A esto debemos agregarle que Dios iba formando al muchacho por medio de sueños que le marcarían su destino. José ignoraba que Dios lo estaba preparando para ser un instrumento que salvaría la vida de millones de seres humanos. Cada paso que José daba estaba plagado de inconvenientes, todo conspiraba para que no brillara. Su familia, especialmente sus hermanos por medio de sus acciones iban llenando de rencor sus corazones al no poder soportar que José se distinguiera del resto. El hostigamiento alcanzó su punto límite cuando decidieron quitarle la vida, pero a último momento finalmente fue vendido como esclavo. Jamás imaginó que poseer un talento dado por Dios sería tan duro para él. La caravana que lo compró lo vendió a una familia pudiente en Egipto, los problemas no hacían más que empezar. Sin embargo cuando más tentado era, su talento lo libraba de las situaciones difíciles que debía enfrentar. La oscuridad quería apagar su luz, pero esta brillaba con mayor intensidad. Su talento terminó depositandolo en la corte de faraón y fue allí cuando alcanzó su mayor esplendor. Llegó a ser el administrador de la economía de Egipto en un momento crucial, fue en esa ocasión que salvó a millones de una muerte segura, porque una plaga de hambre desbastaba el planeta.

 

Sus hermanos que le vendieron, hostigados también por el hambre tuvieron que viajar a Egipto para comprar provisiones, nuevamente el talento de José fue azotado por la oscuridad. Al ver a sus hermanos inmediatamente los reconoció y la sed de venganza revivió en él al recordar su pasado. Todo estaba a su disposición, la mesa estaba servida, era el momento para asestar el golpe fatal. Pero su talento dado por Dios nuevamente intervino sacándole de una situación embarazosa. Conmovido hasta las entrañas, lloró amargamente hasta sepultar toda sed de venganza. Mandó traer toda su familia que se encontraba en Mesopotamia y fue en Egipto que se multiplicaron de tal manera que se convirtieron en el futuro pueblo judío. José siempre estuvo a punto de ser devorado por las tinieblas, pero terminó triunfando la luz que había en él. El pasado puede ser un hueso duro de roer para muchos. Quizá este tenga que ver con la muerte de muchos talentos dados por Dios. A la vera del camino de la vida quedan los restos de aquellos que estaban destinados a brillar en pos de la humanidad sin embargo fueron absorbidos por los devoradores de la luz. El acoso contra los que poseen dones dados por Dios es permanente y no cesa, es una dura batalla necesaria de ganar. Está comprobado científicamente que los ladrones provienen de familias de ladrones, lo mismo que los adúlteros, los violadores, los adictos, los narcisistas, son escasos los casos aislados, en que el entorno familiar está exento. Lo que pasa es que la persona se centra tanto en no querer ser como sus progenitores que le dañaron, que terminan perdiendo el verdadero sentido de la vida. Es decir, pierden su vocación, su talento y gastan sus energías en lo que no quieren ser, en vez de apuntar a lo que deberían ser.  Por eso muchos terminan abrazando la disfuncionalidad de su infancia.

 

Esa experiencia oscura de tu pasado puede ser el puente que te lleve a tu realización. Se trata aquí de calibrar la mira, ya sabemos lo que no queremos ser, debemos centrarnos en lo que debemos ser, y según la Biblia aquello que debemos ser está plagado de resistencia. Siempre que Dios llama a una persona a ser, nosotros somos los primeros en resistir, pasó con Jeremías, con Moisés e Isaías, seguirá  pasando, nos resistimos al cambio. Estamos demasiados atados a las cosas de la vida. Abrazamos nuestras heridas del pasado, las tenemos como trofeos que exhibimos de lo duro que ha sido nuestra existencia. Se escriben libros, se hacen películas, se cantan canciones de lo infortunados que fuimos, convivimos con ese dolor. Lo que no sabemos es que cuando abrazamos los infortunios del pasado, nuestra luz no brilla igual, nos debilitamos y quedamos a oscuras. “Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz”, dijo Jesús, “ En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33). No esperemos otra cosa del mundo, su estigma es la aflicción de todos sin excepción, nadie se escapa. Su oscuridad tiene como meta abrazar a todo ser. Pero en medio de esa miseria se alza una voz que nos da esperanza. Jesús nos enseña que vivir es difícil, que las aflicciones están a la vuelta de la esquina, pero si depositamos nuestra confianza en Él no es no seremos defraudados. Dice el apóstol Juan: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Jn. 3:8). Todo procedencia oscura está relacionada con el diablo que quiere apagar a todo ser humano. Pero Jesús nos brinda tal seguridad que no hay pasado, presente, ni futuro capaz de derrotar a quienes han depositado en El su confianza. 



Dios bendice de muchas maneras a este planeta, una de ellas es al capacitar a personas otorgándoles talentos en beneficio de los demás. Un talento es un don , una capacidad sobrenatural dada por Dios. No significa que por poseer un talento dado por Dios voy a ser aceptado por todos, es más, creo que la mayoría de las veces somos rechazados, pero existe algo más peligroso que el rechazo de otros, es cuando nosotros somos el peor enemigo para nuestro talento. La Biblia muestra personas poseedoras de talentos impresionantes, pero también muestra que no la tuvieron nada fácil, generalmente estos fueron reconocidos póstumamente. También las Escrituras enseñan de otros que de igual manera fueron dotados por Dios con talentos muy importantes pero quedaron a la orilla del camino, por diferentes motivos terminaron apagando o escondiendo su talento. 

 

 

O. Edgar Jofré.