Temas & Opiniones

APESTA

Por O. Edgar Jofre 2020-02-08

 

Jesús tenía tres amigos en la ciudad de Betania, se trataba de Marta, María y Lázaro. Siempre que podía pasaba tiempo con ellos. En una ocasión Lázaro enfermó, Jesús estaba en otro pueblo cumpliendo su ministerio, a pesar de que mandaron llamarle, Jesús no llegó a tiempo y Lázaro murió. Cuatro días después de la muerte de su amigo Jesús llegó a Betania, el dolor en la familia estaba intacto, la emoción era muy profunda, todos lloraban de tristeza, Jesús no escapó a esa situación, conmovido por el llanto de los presentes les acompañó en su sentimiento. María y Marta reprocharon la ausencia del Señor, dando a entender que todo hubiera sido diferente si Jesús se encontraba en el lugar cuando Lázaro enfermó. En medio de ese clima de fuertes sensaciones Jesús percibe la realidad de otra manera. Les dio a entender que Lázaro no estaba muerto, sino que dormía. Todos los presentes, que eran muchos, debido a la estima que le tenían al muerto, quedaron asombrados ante esta afirmación llevada a cabo por el Hijo de Dios. En ese grupo se encontraban unos religiosos conocidos como los saduceos quienes creían que el alma permanecía durante tres días en la persona que había expirado, dado que este era el cuarto día de fallecido seguramente calificaban de irreversible la situación de Lázaro. Jesús decidió visitar la tumba de su amigo, la multitud de los presentes le siguieron, al llegar le pidió a Marta que ordenara quitar la piedra que cubría el sepulcro. Marta esbozó otra especie de reproche, al decirle a Jesús que ese acto no tenía sentido porque el cuerpo estaba allí hacía cuatro días y despedía mal olor. Lo que sigue es popularmente conocido como la resurrección de Lázaro. Jesús ordenó que su amigo volviera a la vida ante el asombro de todos los presentes.

 

La muerte que es fatal y definitivo para nosotros, para Jesús es un sueño. Él lo compara como algo cotidiano que nosotros experimentamos en la vida diaria como estar despiertos y dormir, estas acciones son dos caras de la misma moneda. Al mencionar Jesús que Lázaro no está muerto sino que duerme, no está negando la realidad de la muerte, sino, que la muerte no es algo definitivo. Si algo como la muerte para Jesús no es algo definitivo todo lo demás es secundario. Deberíamos revisar nuestros mapas, el estilo de vida, la forma de pensar y accionar que tenemos. Deberíamos preguntarnos si nuestras proyecciones de vida están limitadas solo hasta la llegada de la muerte. Jesús no lo ve así, de hecho nos da un ejemplo en la resurrección de Lázaro, que la vida trasciende a la muerte. La vida es mucho más que la muerte, bajo este concepto deberíamos replantear nuestras creencias para ver si estas están acordes con nuestra forma de ser. Lo que ocurrió en Betania, es mucho más que un milagro, es una enseñanza teológica de las más profundas que invitan a investigar qué clase de concepto tenemos sobre la vida. El común de la gente vive bajo las fauces y sombra de la muerte, presiente que es el tiempo que tiene para realizarse en la vida, no planea más allá, sin códigos, sin mapas, sin una guía ética y cívica que trascienda. Viven el hoy bajo circunstancias impuestas que nada tienen que ver con la realidad de la vida. Su mirada es tan corta que su existencia termina con la llegada de la muerte. Por lo tanto sobreviven, mientras que el desafío es vivir. Sobrevivir en un estilo mediocre que no hace más que degradar la vida. La vida es un don de Dios que merece ser vivida a pesar de las corrientes contrarias que atenten contra su dignidad. La vida no termina con la muerte, la vida trasciende a la muerte, es eterna. Los presentes se asombraron por el milagro de la resurrección de Lázaro, pero en ningún lugar de esta historia se menciona que se asombraran por el milagro de la vida que ellos habían recibido. Por esa posibilidad de vivir que ellos tenían, por la posibilidad de honrar a Dios con esa vida que les había dado, pero este ejemplo nos enseña que ellos no se dieron cuenta, se encontraban atados a las circunstancias. Visitaron a Marta y María para darle el pésame, más allá de la situación angustiante, tomaron como algo normal la muerte de Lázaro, sin embargo Jesús estaba allí con un propósito muy diferente.

 

Este ejemplo nos enseña algo más profundo todavía, entre la situación de Lázaro y los allí presentes no había diferencia, ambos apestaban, Lázaro porque hacía cuatros días que había muerto y ellos por que vivían como si estuvieran muertos. Su vida apestaba, su matrimonio apestaba, su familia apestaba, su pueblo apestaba, su religión apestaba. Despedían mal olor y no se daban cuanta. La higiene personal es importante, si se la deja de lado no tardara en despedir mal olor y uno se acostumbrará, lo malo es que los demás se darán cuanta y no querrán estar cerca de uno; la higiene espiritual es fundamental en estos tiempos, pero la religiosidad actual no hace más que colaborar para que una limpieza profunda y radical no se lleve a cabo. "Creo en Dios a mi manera, yo marco los códigos, yo impongo el estilo", son modelos de pensamientos llevados a la práctica por muchos que se creen cristianos. Eso es pura religiosidad, aun así hago saber a los demás que tengo comunión con Dios, que El me habla en todo momento, que Dios y yo nos tuteamos. Lo que realmente tenemos es un caso patológico que nos impide ver la realidad. ¿Acaso creemos que podemos manipular a Dios? ¿Creemos que Dios es tan ingenuo que se deja usar por nosotros? El funeral de Lázaro estaba plagado de religiosos que no hacían más que competir entre ellos acerca de la pobre teología que poseían. Pero ninguno pudo devolver la vida a Lázaro. Eso es religión sin teología, la religión siempre despide mal olor, la religión siempre apesta. Cómo serian de religiosos que el Autor de la vida estaba presente y ellos no se daban cuenta porque lo vieron bajo la mirada de la religión, como un potencial enemigo. La religión no percibe la presencia de Jesús. La religión ve al otro religioso como enemigo, dijo más, la religión ve a los hombres de Dios como enemigos, la Biblia está plagada de estos ejemplos, la vida diaria nos enseña que los religiosos son los que realmente impiden que una persona tenga un encuentro pleno con Dios. Hace algunas décadas en mi país los religiosos eran los católicos debido a su liturgia llena de idolatría, la brecha era muy visible, de un lado estaban los católicos que eran considerados los religiosos y del otro los que habían recibido a Jesús como su Salvador personal. Hoy no es tan simple, iglesias que se denominan cristianas han permitido que en sus filas penetren sistemas religiosos que nada tiene que ver con la voluntad de Dios. Lo que antes era negro o blanco ahora es gris, permiten conductas entre sus miembros que jamás Dios avala en su Palabra. El verdadero trigo se encuentra mezclado con la cizaña de la religión, ambos están tan unidos que resulta difícil separarlos. Este es un tiempo delicado en el terreno espiritual.

 

Cómo será la influencia de la religión en la vida de Marta y María que a pesar de estar Jesús presente diciéndoles que Lázaro resucitaría, ellas no creían que fuera en tiempo presente. La peste de la religión puede terminar con iglesias que fueron construidas por el Espíritu Santo de Dios en compañía de personas consagradas. Donde otrora caía el fuego celestial hoy solo son monumentos religiosos que apestan, mantienen su fachada pero su interior está hueco y vacío. "Si aquí se convirtieron miles. Aquí bautizamos miles. Aquí miles fueron sanados" dicen. Eso es lo que hace la religión, vive de recuerdos. La religión rememora un tiempo de milagros vividos, la Biblia no enseña de un tiempo de milagros, sino de un Dios de milagros, alguien activo de forma permanente generador de vida. La religión compite contra Dios, no le deja hacer, no le deja mostrar todo su potencial, de hecho la Biblia enseña que como Dios prepara su iglesia para la eternidad, la religión también prepara su iglesia para cuando la iglesia del Señor no esté en la tierra, pero será una iglesia apestosa sin la guía del Espíritu Santo. Somos más religiosos que nunca, las iglesias están llenas de personas con costumbres que nada tienen que ver con la sana doctrina, lejos de las verdades de Dios. La religión tiene la culpa que en las iglesias no hayan líderes conforme al corazón de Dios, y que estos enseñen cosas torcidas y llenas de libertinaje. Toda verdadera iglesia que ha trascendido en el tiempo ha sido fundada por hombres consagrados que nunca negociaron la verdadera fe. El Evangelio ha llegado hasta nosotros porque hombres inspirados por el Espíritu Santo enfrentaron, desenmascararon y expulsaron toda religiosidad de las filas de la iglesia, es más, los grandes avivamientos que se produjeron en el mundo fueron consecuencia de que la religión había tocado fondo, que su modelo hacia infelices y sin esperanza a sus seguidores. Se necesita urgente más hombres de Dios que combatan a los líderes religiosos actuales que no hacen más que despedir mal olor.

 

Aquella mañana que Lázaro fue resucitado nos deja una enseñanza que trasciende lo convencional. Jesús no teme acercarse a los lugares apestosos, es más está dispuesto a revertir esa situación. El ama tanto al ser humano, que nuestro mal olor no puede detenerlo. Ese pasaje tan conocido el día que Lázaro resucitó suena hoy con más fuerza que nunca: "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi aunque esté muerto vivirá". Jesús desafía toda ley que haga al ser humano miserable, lo prolongado de la muerte no es un escollo para El. Así como la muerte física de Lázaro no fue un impedimento para Jesús, tampoco lo es cualquier tipo de muerte que estés enfrentando en este momento. Jesús desea que vivas, que tengas calidad de vida, no como la que da este mundo, porque es pasajera, sino una calidad de vida trascendente, que traspasa esta vida, la muerte y se deposita en la eternidad. No somos llamados a vivir una vida apestosa, el mundo nos cautiva y nos engaña llevándonos a cometer actos que apestan y avergüenzan a nuestra familia, nuestra iglesia, nuestra sociedad. Pero Jesús una vez más desafía el espíritu de la época. Él está parado frente a esa tumba que apesta, la religión puede haber causado estragos en tu vida y apestas, quizá tu familia apesta, tu matrimonio apesta, tu trabajo apesta, tu iglesia apesta. Así como el llamó a Lázaro fuera de su tumba, también tiene la capacidad de resucitar todo aquello que carezca de vida, iniciativa y motivación en ti. Este es tu momento, es tu oportunidad de abandonar esa tumba que te separa de la realidad, que te separa de los planes que Dios tiene para ti. La verdadera vida está fuera de la tumba…



O. Edgar Jofré.