Temas & Opiniones

¿MÚSICA O CLAMOR?

Por O. Edgar Jofre. 2020-04-25

 

UN MENSAJE NUEVO HOY  2020-04-25

¿MÚSICA O CLAMOR?

 

Viena, 26 de Marzo de 1817, en la madrugada muere L. V. Beethoven a los 56 años de edad. Es sorprendente que desde los 25 años y hasta su muerte Beethoven pueda completar una extensa obra, 32 sonatas para piano, 16 cuartetos de cuerda, la ópera Fidelio y sus nueve sinfonías conocidas mundialmente. Poseía el don de llevar a sus oyentes a experimentar por medio de sus composiciones lo que en ellas se decía. Logró plasmar su visión en la música de tal forma que quién le escucha cree que es posible. Era un genio, lo que hizo con la novena sinfonía revolucionó la historia de la música, tuvieron que pasar por lo menos cien años para que los compositores pudieran saltar este monumento a la música y así poder crear algo nuevo, los compositores de hoy siguen intentándolo. En esa época muchos sabían tocar el piano pero Beethoven, improvisaba, tocaba libremente con el piano y lo hacía con una calidad incomparablemente superior a todo los que los otros habían hecho hasta el momento. Beethoven quiere más que entretener, su música debe cambiar el mundo, tenía solo 32 años. Beethoven tuvo una explosión de creatividad y compuso sin parar, este hombre trabajó como un loco era enormemente productivo. Beethoven lucha fanaticamente contra su destino, aunque con un dolor inmenso trabaja como un poseído con enorme impulso creativo y ganas de vivir, cuanto más existencial la resistencia más imperturbable es su espíritu combativo. La lucha es un parámetro absolutamente decisivo en su vida y en su obra, una lucha que también tiene lugar en lo más profundo de su psiquis “el destino se las quiere ver conmigo, yo también me las veré con el destino” dice. Su música nunca se vuelve triste, su música está completamente llena de alegría. ¡Qué suerte sentarse a escribir y darse cuenta que lo que hace es una genialidad y saber que el mundo aún no lo ha visto! Se puede definir a Beethoven como un genio de los extremos, la gracia siempre estuvo presente, el amor siempre estuvo presente, las emociones siempre estuvieron presentes, la rabia hacia la naturaleza y hacia su destino siempre estuvieron presentes, estos son los extremos de su naturaleza apasionada. Las últimas obras escritas por Beethoven son extrañas y lo serán por siempre, el sigue estando más allá de todo, se adelantó años luz a esferas que aún no se pueden adivinar, ese estilo inaprensible rompe los límites de la música. A fin de cuentas puede decirse que su sordera por muy difícil y dolorosa que haya sido para él como persona, fue una suerte para la historia de la música y de la humanidad

 

La “música” que escuchamos hoy también tiene alcance mundial, también es de creación humana, pero no es alegre, posee otro tipo de inspiración, es la música de la muerte. Sí, es fuerte lo que digo, pero es la realidad que nos toca vivir. Todos los días escuchamos esa música de dolor, de amargura, de impotencia, la música de las lágrimas al despedir a un ser querido y en las condiciones horrorosas como es la de separarse a la distancia sin poder acompañarlos hasta donde descansaran sus restos. La música de la muerte se palpa en el ambiente, el temor a la enfermedad pulula y nos llena de desconfianza hacia el otro. Hasta ayer la calidad de vida se medía por la edad, por la situación económica, o por el país que le tocó vivir. Hoy la realidad nos golpea y nos muestra que no existe condición social que nos garantice el día de mañana. Toda la humanidad se ha convertido en vulnerable sin excepción. Por primera vez esta generación vive una situación que alarma y desconcierta, y lo que es peor no ofrece ninguna garantía. Más allá de los esfuerzos que diariamente llevan adelante los gobiernos de turno para proteger a su población e impedir que el daño sea más grave, existe un daño mayor que no se puede controlar o por lo menos aplacar, es el de la incertidumbre. Este tipo de sensación que nos lleva a tomar decisiones diferentes ante el mismo problema, por ejemplo en el transcurso del día dos noticias diferentes: un médico decide aislarse y pasar la cuarentena junto a sus seres queridos, por otro lado en un quirófano un grupo de médicos y enfermeras luchan denodadamente por salvar la vida de un hombre que ha sufrido un paro cardíaco víctima del Covid19. ¿Cuál es la actitud correcta? No la podemos indicar, la situación nos ha desbordado a tal nivel que ocuparse de la familia no es menos importante que la profesión. El indicador social nos deja sin respuesta hoy cuando ayer nada nos vulneraba.

 

He querido comparar el genio de ayer con el genio de hoy. Beethoven un virtuoso en su campo, está a años luz de los que han hecho y hacen música, como ejemplo sus últimas composiciones están allí a la espera de ser descifradas pero nadie hasta el momento lo ha logrado y quizá nunca se logre. En contrapartida el nivel de los que hoy dirigen la orquesta de la vida que mueve  el mundo, también poseen un estilo único, pero es un estilo mezquino, egoísta macabro, difícil de comparar. Si se pudiera resumir el objetivo que tenía Beethoven a la hora de producir música diría que su premisa era que sus composiciones produzcan alegría, nada de tristeza, nada de dolor, cero derrota, en su música no hay lugar para la depresión, el fracaso o la frustración. Su música está llena de vida, es una invitación a vivir y vivir con alegría. El mundo actual experimenta otro tipo de música, su director está empecinado que sus acordes solo produzcan desolación, que los pobladores del mundo vivan con terror, amedrentados por la noche oscura que les toca experimentar. ¿Qué se les dice a los habitantes de una nación que día a día debe experimentar la muerte de miles de sus semejantes? ¿Cómo se puede consolar a aquel que se va a dormir por la noche y mañana al despertar sabe que le espera un día igual o peor al anterior donde la pesadilla continúa? El legado que dejó Beethoven a la humanidad a través de su música es que la vida debería ser honrada al más alto nivel porque la vida es un don de Dios. En estos momentos el mundo se encuentra tan depreciado que no sabe si va a morir a consecuencia del virus o por falta de alimentos. El nivel de vida ha alcanzado en estos momentos los subsuelos más oscuros de imaginación. En Colombia entierran sus muertos en cajas de cartón, en Nueva York en una fosa común amontonados, aislados y olvidados.

 

¿Qué hace que un hombre como Beethoven deje al mundo un legado tan impresionante a pesar del infierno que vivía con su enfermedad? ¿Cómo calificamos a este tipo de personas que aparecen en el curso de la historia con una vocación en pro de la humanidad? Hoy más que nunca necesitamos esa clase de personas, diría más, es imperiosa la aparición de ellas en el escenario de la vida. Me refiero a hombres de profunda conciencia social, que tengan respeto por el otro, que sobresalgan del resto con su tipo de proyectos que honren la vida. La realidad actual nos está indicando que aquellos que poseen el poder de dirigir el destino del planeta son de otro calibre, su música es de tipo personalista, solo la ejecutan para un grupo selecto de cierta elite. No podemos culpar a los murciélagos por la pandemia actual, somos nosotros, los seres humanos que con nuestras conductas no hacemos más que autoagredirnos y llevarnos a la autodestrucción. Jesús nunca negó la existencia del mal, digo más, señaló abiertamente a su creador, dijo al respecto que el diablo es un asesino. Han pasado más de dos mil años de sus dichos y la realidad no hace más que corroborar que el mal existe por que existen personas que están dispuestas a ejecutarlo. Aunque parezca mentira, existen individuos que su deleite es ver el mal en acción. Charles Milles Manson fue un criminal, sectario y músico aficionado estadounidense, conocido por liderar lo que se conoció como “La familia Manson”, un grupo de seguidores de Manson que surgió en el desierto de California en 1960. Fue sentenciado a muerte por planear una serie de asesinatos que fueron ejecutados por un grupo dirigido por él. Estando en la cárcel escribió en una oportunidad: “Mientras tu duermes yo no descanso en mi intento por destruir a la humanidad”. 

 

Decir que la música posee un lado oscuro es un despropósito, pero no podemos decir lo mismo del ser humano quién no deja de sorprendernos aún en esta época avanzada de la civilización. XXI siglos atrás el cielo se iluminó en medio de la noche, se llenó de ángeles que entonaban coros de alabanzas celestiales, el propósito de este acontecimiento inesperado revela el cumplimiento de la promesa más significativa hacia el ser humano. Es curioso que Dios haya hecho uso de la música para anunciar la llegada de una era que cambiaría para siempre la historia de la humanidad. Con su llegada Jesús trajo al mundo el estilo de música que se ejecuta en el cielo. Si tan solo por un momento pudiéramos imaginarnos las composiciones celestiales no encontraríamos ni una referencia al dolor, la pena, la frustración, el fracaso. Nada relacionado con el odio, la venganza, la agresión, la discriminación, menos aún, algo que tenga que ver con la enfermedad, el asesinato o la muerte. Un sueño profundo que albergó Beethoven hasta su muerte y nunca logró verlo cumplido, era que la humanidad fuera libre de clases sociales. La venida de Jesús trajo consigo un proyecto más ambiciosos, su deseo era que “la voluntad de Dios se hiciera en la tierra como en el cielo”, si miramos la realidad que nos toca vivir el proyecto de Jesús parece un proyecto loco, sin sentido, desmedido. Pero así como el proyecto de la redención del hombre parecía algo imposible de llevar a cabo, este proyecto, el de ver la voluntad de Dios cumplirse en la tierra, es algo factible de realizar porque el Hijo de Dios ya puso el fundamento. La situación que vivimos no perdurará, el mal no tiene la última palabra, este no es el final de la historia. Llegará un día, el cuál no creo muy lejano, que la voluntad de Dios se realizará en todo el planeta, la música del cielo será ejecutada en la tierra y en sus estrofas no habrá lugar para palabras como discriminación, asesinato y muerte. “Porque yo crearé nuevos cielos y nueva tierra y de lo primero no habrá memoria. Para siempre os alegraréis en las cosas que yo he creado. No habrá allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla. No trabajarán en vano, no darán a luz para maldición porque son linaje directo de Dios. Antes que clamen yo responderé. El lobo y el cordero serán apacentados juntos y el león comerá paja como el buey. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (Is. 65:17-25). 

 

O. Edgar Jofré.

 

 

 

EXPOSICIÓN 1