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"YO PREFIERO UNA LIBERTAD PELIGROSA"

Por O. Edgar Jofre. 2020-04-28

UN MENSAJE NUEVO HOY  2020-04-28

“YO PREFIERO UNA LIBERTAD PELIGROSA”

Debido a la entrada del Covid19 en EE.UU. la gobernadora del estado de Michigan fue la primera funcionaria en el país que se atrevió a implantar cuarentena total en todo el territorio, en consecuencia miles de personas armadas con pistolas, fusiles, metralletas, rifles, revólveres, entre otros, salieron a la calle e iniciaron una manifestación en señal de protesta intimidándole a que depusiera su actitud. En medio de la muchedumbre una mujer que viajaba en el asiento trasero de un automóvil, con medio cuerpo salido por una de las ventanillas portaba un cartel que rezaba: “I prefer a dangerous freedom” (Yo prefiero una libertad peligrosa). En un país que reaccionó tarde a la pandemia, en el que su presidente a esta altura todavía no entiende la gravedad de la situación, donde se desoyeron los consejos de la OMS, donde la opinión de los infectólogos de esa nación fueron dejados de lado y buena parte de la opinión pública pide a gritos que se encuentre una salida de forma inminente, existe gente que se atreve a realizar una manifestación armada hasta los dientes y con pancartas que reclaman libertad. La palabra libertad es una de las que más consensos globales tiene, pero en esta ocasión se defienden cosas opuestas en su nombre. Nunca estuvo más claro que hay un desvío existencial en mucha gente, una regresión a conductas reservadas a épocas oscuras, una autodefensa que no se corresponde con el enemigo real que es el virus, personas que se encuentran agazapados y reaccionan en este momento como lo han hecho a lo largo de la historia los cazadores de brujas, linchadores, delatores, o los que se entretenían viendo a los leones despedazar a los cristianos en la arena.

 

La palabra libertad es una de las más hermosas que existe, está vinculada a la historia en innumerables ocasiones. Ha sido lema para millones que han perseguido sus sueños desde las condiciones más inhóspitas. Canciones, pinturas, óperas, esculturas se han levantado en nombre de la libertad. La estatua que se encuentra a la entrada de Nueva York regalada por los franceses a los norteamericanos, es quizá uno de los mejores recordatorios de la palabra libertad. Han transcurrido miles de años pero los judíos aún celebran la salida de su pueblo de la esclavitud de Egipto. Todos los años se recuerda la abolición de la esclavitud que entró en vigencia a partir del 1 de agosto de 1834 en los EE.UU. Nelson Mandela trabajó durante años desde la cárcel para ver el fin del apartheid sudafricano. Estos son algunos de los tantos ejemplos a los que podemos referirnos. Libertad religiosa, política, libertades sociales como el voto de la mujer, libertad en los derechos del niño, libertad en la educación, un sin fin de acontecimientos donde la palabra libertad a encontrado su verdadero significado. Pero cuando esta palabra se saca de contexto puede llegar a convertirse en un arma letal. La palabra libertad pide hoy más que nunca volver a su origen. Porque en nombre de la libertad se cometen los más aberrantes crímenes, se pisotean derechos, se hunden sociedades, se crean leyes que son un atentado contra la vida, se miente, se pisotea, se maltrata, se descarta. La frase exhibida por la mujer en la manifestación de Michigan es una desviación de la palabra libertad, en primer lugar porque nunca la palabra libertad es peligrosa, y en segundo lugar por la disposición de una multitud a llevar esta frase hasta las últimas consecuencias.

 

Las Sagradas Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis nos muestra a Dios en un trabajo ininterrumpido para que el ser humano entienda y practique la libertad, no sin antes señalar todos los vicios que atentan y tratan de sacar de contexto esta palabra específica y poderosa. Para Dios perder la libertad significa perder la identidad. Cada vez que el hombre ha negociado su libertad siguiendo gratificaciones efímeras, no solo se ha visto su peor versión, sino también a terminado hipotecando su futuro. Sólo desde un contexto de libertad se puede apreciar la mejor versión del hombre. Las sociedades que abrazan ideales carentes de libertad hipotecan su vida. Hace más de dos mil años Jesús apareció en una sociedad como la nuestra con un mensaje de libertad, pero no la libertad a la que ellos estaban a acostumbrados. Lo judíos perseguían una libertad física de la opresión romana, no así en las cuestiones relacionadas con la integridad humana, se creían un pueblo de vanguardia en conducta religiosa por lo tanto defendían ese tipo de libertad que ostentaban tener. La presencia de Jesús desbarata ese concepto y los expone ante la realidad. Ellos creían que por ser hijos de Abraham marchaban a la vanguardia de la fe, por tanto no eran esclavos de nadie, Jesús les hace ver que tener a Abraham como ejemplo no les libra de su conducta esclava. El tema de la esclavitud es más profundo todavía está relacionado con la esencia del ser, Jesús le enseña que por ser esclavos practican el pecado, no es una cuestión de fe, es una cuestión de naturaleza. No solo les hace ver su condición, también les ofrece la solución. Es la verdad la que libera y termina con la mentira de la esclavitud, la verdad es más que un concepto, es una persona: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres… Así que si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:32, 36). "Jesús dijo: Yo soy la verdad" (Jn. 14:6)

El mejor símbolo de libertad que existe en el mundo es la cruz, esas dos maderas atravesadas usadas en la antigüedad como símbolo de tortura y muerte. Todo el mundo la conoce, muchos la usan como amuleto, otros como recordatorio. Más allá de la interpretaciones privadas, la cruz es la que divide la esclavitud de la libertad. Sin la cruz no hay libertad. La cruz vacía muestra a pesar de su silencio que a sus espaldas quedó la esclavitud y hacia adelante se abrió el camino de la libertad. Cuando vemos una cruz vacía inmediatamente nos viene al recuerdo que alguien estuvo allí, lo sabemos inconscientemente, por intuición, no hacen falta las palabras. Más profundamente sabemos que ese lugar fue ocupado por nosotros, ese es el precio que tuvimos que pagar por nuestra esclavitud. Pero nuestra presencia en la cruz es simbólica, alguien se ofreció a tomar  nuestro lugar. Una cruz era nuestro destino, otro voluntariamente la ocupó, algo así nos deja sin palabras. Conscientes de que somos seres imperfectos, estigmatizados por nuestras conductas, que alguien aparezca y se ofrece a ocupar nuestro lugar nos deja perplejos, las capas de protección creadas alrededor nuestro tratando de justificar lo injustificable quedan expuestas e inservibles, y nuestra conciencia, aunque sea por un instante, tiene un momento de cordura y lucidez. Nada se asemeja a esta obra por la libertad humana llevado a cabo por Jesucristo. Su obra en la cruz nos desarma, nos vulnera, nos expone,  revela nuestra verdadera identidad, aún así Jesús no señala, ni juzga, ni condena. Inmersos en una esclavitud peligrosa, sin argumentos para enfrentar nuestra situación aparece en el escenario del mundo alguien que tiene la solución. Algo jamás pensado, es el milagro que la humanidad necesitaba y el Hijo de Dios se lo concedió. Si queremos conocer el profundo significado de la palabra libertad echémosle un vistazo a la cruz vacía que dejó Jesucristo.

 

Quien prefiere una libertad peligrosa armado hasta los dientes demuestra su ignorancia y egoísmo, en primer lugar porque al virus se lo combate desde otro ámbito y en segundo lugar atenta contra aquellos que dignamente hacen el esfuerzo cada día para encontrarle la vuelta a un problema asesino. Acciones de este tipo no sorprenden, es típico de aquellos que quieren su minuto de gloria siempre bajo su perspectiva de ver el mundo. Pero existen cosas peores que este grupo armado que reclamó libertad peligrosa, son aquellos líderes de importantes naciones del mundo que con sus conductas no hacen más que despreciar la situación actual, por suerte son los menos. Lo que sí debemos reconocer y tener en alta estima es a las personas que diariamente dan su tiempo, sus fuerzas, su vida por el otro. Por más dantesco que parezca creo que no existe mejor cuadro que aquel que acompaña al otro que ha sido herido por la vida, que está a su lado hasta las últimas consecuencias y aún más se quiebran cuando no han podido ver logrado el objetivo de salvarle la vida. El común ver en los pasillos de los nosocomios a profesionales de la salud en cuclillas llorando de impotencia desconsoladamente por alguien que partió porque no lo pudieron salvar y que ni siquiera conocen. Entendiendo que no merecía morir, que se fue antes de tiempo, pero que debido a las limitaciones científicas se hizo lo que se pudo. Aún así la resignación no existe y siguen llevando su profesión con hidalguía. Acciones así son el producto de la libertad, no una libertad armada hasta los dientes dispuesta a matar, sino una que salva vidas. Cuando vemos este tipo de acciones abnegadas alrededor del mundo, no solo nos emocionan, sino también nos llenan de gratitud hacia Dios por que su espíritu de libertad aún sigue vivo.

 

O. Edgar Jofré.

 

EXPOSICIÓN 1

(El jueves se presenta Exposición 2)