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LA OTRA CRISIS

Por O. Edgar Jofre. 2020-05-19

UN MENSAJE NUEVO HOY  2020-05-19

El artículo nos da ánimo de seguir adelante.

LA OTRA CRISIS

En la edición del domingo 17/05/2020 el diario Infobae presenta un reportaje a una de las mentes más destacadas del momento a nivel mundial. Se trata del filósofo y teólogo surcoreano Byung-Chul Han donde da 9 definiciones sobre la pandemia del coronavirus. En la definición número 7 dice lo siguiente: "Para sobrevivir sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos. Los sacerdotes y pastores también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos que tienen soberanía absoluta de interpretación. La narrativa de la resurrección da paso a la ideología de la salud y de supervivencia. Ante el virus, la creencia se convierte en una farsa". 

 

Parecer que todo pasa por sobrevivir a toda costa, sin importar todo lo que debemos sacrificar al respecto. Supervivencia, sacrificio del placer y pérdida del sentido de la buena vida así es el mundo que vaticina este teólogo después de la pandemia. El virus es un espejo que muestra en qué sociedad vivimos. Y la realidad indica que vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de supervivencia se pierde todo el sentido de la buena vida. El placer también se sacrifica al propósito más elevado de la propia salud. Estamos hacinados en nuestra casa, no podemos salir a dar una vuelta, no podemos recibir familiares, no podemos juntarnos con amigos, no podemos ir a la iglesia. Los controles policiales nos hacen sentir infractores de la vida, nos han plantado una psicosis en la que nos hacen ver, no como una persona sino como un arma letal. Se han dicho tantas barbaridades acerca del contagio, y solamente está comprobado que se transmite por la saliva. Un comunicado de la OMS así lo avala.

 

El coronavirus ha demostrado que la vulnerabilidad o mortalidad humana no son democráticas, sino que dependen del status social. La pandemia pone de relieve los problemas sociales, los fallos y la diferencia de cada sociedad. Con el Covid19 enferman y mueren trabajadores pobres de origen inmigrante en zonas periféricas de las grandes ciudades. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas del campo. La pandemia no solo es un problema médico, sino social. Un ejemplo, la  razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en los otros países de Europa y los EE.UU. Además el sistema sanitario en Alemania es mucho mejor que en Italia, Francia, España y EE.UU. La tan venerada globalización es la que ha llevado a que las miserias humanas sean tan evidentes, como son evidentes las grandes fortunas de los multimillonarios. En un mundo con tantas desigualdades sociales es lógico que la crisis se vea más acentuada entre los que menos tienen. En las crisis las personas vuelven a buscar líderes y esto atenta contra la democracia. Con la pandemia nos dirigimos a un estado de vigilancia biopolítica, no sólo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierte en objeto de vigilancia digital. La pandemia vuelve a hacer visible a la muerte. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana. A quién tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia. Los mayores mueren solos en los asilos, ¿esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo?. El pánico ante el virus es exagerado, la edad promedio de los muertos pasa lo 80 años y la esperanza media de vida es 80.5 años.

 

La existencia del Covid19 a demostrado la existencia de una crisis mayor, la de nuestra fe. El silencio de las grandes religiones mundiales llama poderosamente la atención. Esa parte tan importante en la vida del ser humano que es su relación con Dios ha sido bloqueada. O tal vez no éramos tan creyentes como suponíamos. Basta con echar una mirada a la realidad y vemos como la virología ha suplantado a la teología. Los virólogos, son los llamados "teólogos" que por estos días manejan la realidad mundial. Sin desmerecer su trabajo científico, han pasado a ser los gurúes más solicitados. La historia enseña que la humanidad siempre ha reaccionado de la misma manera cuando le ha tocado enfrentar pandemias. Su primera reacción ha sido negar la existencia de la plaga y en su afán de aferrarse a la vida terminaban abrazando cualquier indicio que les garantizara la supervivencia. La realidad indica que tarde o temprano todos vamos a morir, pero si en mi afán de abrazarme a la vida hipoteco mi fe, algo está mal, estoy enfrentando una crisis mayor que el coronavirus. Es ahora cuando los líderes de las congregaciones deben demostrar de que pasta están hechos, es hoy cuando las iglesias locales deben demostrar al mundo que clase de Señor tienen. No se concibe una congregación encerrada en el temor, la angustia y la desesperación. Los verdaderos hijos de Dios se ven en las tormentas de la vida. Los hijos de Dios no se amilanan y corren a esconderse temblando por temor a que la situación los desborde. Los hijos de Dios sacan poder de su debilidad, se agigantan en su fe y muestran al mundo las cualidades de su Señor. La pandemia se ante nosotros como un poderoso gigante que nos supera en estrategia y capacidad, pero nosotros no somos cualquier cosa, somos hijos de Dios, en consecuencia a pesar de la situación que nos toca vivir, no estamos sin esperanza, nuestra fe descansa en Él. Sabemos que Jesús actuará a nuestro favor.

 

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Por causa de tí somos muertos todo el tiempo. Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en tosa estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cuál estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 8:35-38). La fe siempre ha sido malinterpretada, en consecuencia ha sido estorbada, manipulada, despreciada. A la fe no se le puede enseñar sobre crisis, la historia enseña que es en medio de la crisis que la fe alcanza su mayor potencial. A la fe los periodos de crisis le vienen muy bien, porque corre con ventaja, es un desafío que sabe que va a ganar. De eso trata la fe, ella ve el resultado antes de que comience la batalla. La fe jamás es sorprendida. La realidad indica que este mundo siempre será así, una tormenta será suplantada por otra más fuerte. Por eso existe la fe para lidiar con los malos tiempos que nos tocan vivir. 

La realidad indica que la fe en estos momentos es muy necesaria. El apóstol Pablo aconseja a los cristianos de la iglesia en Tesalónica "que no vivan como aquellos que no tienen esperanza". Cuando nos aferramos a la vida con uñas y dientes esto es símbolo de una fe debilitada. La fe trasciende la vida, va mucho más allá, alcanzas parámetros jamás imaginados.. Estamos de paso, si todavía estamos vivos es solo por la gracia de Dios. Cuando nuestra esperanza es escasa vivimos con temor,, desconfiamos de todo, perdemos el apetito o comemos compulsivamente, nos desvela el insomnio, nos irritamos con facilidad, la paz desaparece, somos un manojo de nervios, perdemos el control ¿Cómo podemos vivir con semejante peso? Así no existe organismo que aguante. No debemos permitir que las tormentas desacrediten nuestra fe. "Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (2 Co. 10:4-5).

O. Edgar Jofré.

 

EXPOSICIÓN 1, 2 Y 3

EL ÚLTIMO TEMA: VULNERABLE (2020-05-14)

 

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