Biblia Abierta

Alimento Diario - 3 de Noviembre - Una historia

De Juan 8:36

Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres. Juan 8:36

Reflexion

Ed, de 72 años, ama a su perro Buddy. Cuando la ‘perrera’ se llevó a Buddy por andar suelto por la calle, Ed pagó los $50 dólares de multa para rescatarlo. Pero la segunda vez que Buddy fue atrapado, Ed decidió no pagar los $100 dólares de multa, sino ir a soltarlo él mismo.

A medianoche, Ed se fue en su tractor de cortar césped hasta donde estaba Buddy, y lo liberó. Lamentablemente, en el camino de regreso fue descubierto y arrestado por robo, traspaso de propiedad municipal, y por dejar que el perro anduviera suelto.

Llevó unos días hasta que Ed fue dejado en libertad. Cuando eso sucedió, a Buddy ya lo habían sacrificado.

Imagino que usted estará pensando lo mismo que yo: que no es justo que, porque su dueño estaba detenido, al perro lo hubieran sacrificado.

Ahora, si la muerte del perro en esas circunstancias le parece injusto, espero que lo que le sucedió a Jesús le parezca muchísimo más injusto aún.

Hace 2.000 años, los enemigos de Jesús lo hicieron arrestar y llevar a juicio, donde presentaron testigos falsos que testificaron en su contra hasta lograr que el juez dictara la sentencia de crucifixión.

Y así fue. Jesús murió en la cruz cargando el peso de nuestras culpas. El inocente fue asesinado en lugar de los culpables… y no hubo nadie que fuera a rescatarlo.

Pero eso no quiere decir que Jesús permaneció cautivo. Porque gracias a que había hecho todo lo que era necesario, tres días después de que su cuerpo sin vida fuera puesto en la tumba, Jesús resucitó.

Ahora, con la fe que nos da el Espíritu Santo, sabemos que todos los que creen en él son perdonados y reciben la promesa de la vida eterna en el cielo con su Salvador, el Cristo, el Hijo de Dios.

ORACIÓN: Querido Señor, el mundo está lleno de historias tristes. Doy gracias porque tu historia no termina con tu muerte en la cruz, sino con tu gloriosa resurrección. Gracias porque tu historia es también nuestra historia. En tu nombre. Amén.

 

 

Comentarios:

Juan_8:33-36

Los judíos Le contestaron a Jesús:

-Somos descendientes de Abraham, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo es que Tú dices: «Seréis libres» ?

Jesús les contestó:

-Lo que os digo es la pura verdad: El que comete pecado es eslavo del pecado. Un esclavo no vive en la casa con carácter permanente, pero un hijo sí. Así que, si el Hijo os hace libres, entonces lo seréis de veras.

 

Lo que dijo Jesús de la libertad molestó a los judíos. Pretendían que no habían sino nunca esclavos de nadie. En un sentido, está claro que aquello no era verdad. Habían vivido como esclavos en Egipto, habían estado sometidos a varios imperios, habían estado exiliados en Babilonia, y entonces estaban bajo el dominio de Roma. Pero los judíos tenían en alta estima la libertad, que consideraban un derecho de nacimiento de todo judío. En la Ley se establecía que ningún judío, por muy pobre que fuera, podía degradarse hasta el punto de convertirse en un esclavo. «Y cuando tu hermano se empobreciere, estando contigo, y se vendiere a ti, no le harás servir como esclavo: Porque son Mis siervos, los cuales saqué Yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos» (Lev_25:39-42 ). Una y otra vez se levantaban rebeliones porque algún líder enardecido insistía en que los judíos no podían obedecer a ningún poder terrenal, porque Dios era su único Rey.

Josefo cuenta la historia de los seguidores de Judas el Galileo, que dirigió una famosa revuelta contra los Romanos: «Tienen una fe inalterable en la libertad, y dicen que su único Rey y Gobernante es Dios» (Josefo, Antigüedades de los judíos 18:1, 6). Cuando los judíos decían que no habían sido esclavos de nadie estaban confesando un artículo fundamental de su credo nacional. Y aunque era verdad que había habido épocas en las que habían estado sometidos a otras naciones, y también era verdad que entonces lo estaban a Roma, también era verdad que hasta en esos casos mantenían una independencia de espíritu que hacía que se sintieran libres aunque materialmente fueran esclavos. Cirilo de Jerusalén escribió de José: «José fue vendido para ser esclavo, pero él era libre, todo radiante de nobleza de alma.» Hasta el sugerirle a un judío que podía ser considerado como un esclavo era un insulto que no perdonaría.

Pero Jesús estaba hablando de otra esclavitud. «El que comete pecado -les dijo-, es esclavo del pecado.» Jesús estaba reiterando un principio que los sabios griegos habían expuesto una y otra vez. Los estoicos decían: «Sólo el sabio es libre; el ignorante es un esclavo.» Sócrates había demandado: "¿Cómo puedes decir que un hombre es libre cuando está dominado por sus pasiones?» Pablo daba gracias a Dios porque el cristiano era libre de la esclavitud del pecado (Rom_6:17-20 ).

Aquí hay algo muy interesante y muy sugestivo. A veces, cuando se le dice a uno que está haciendo algo malo, o se le advierte para que no lo haga, su respuesta es: «¿Es que no puedo hacer lo que me dé la gana con mi propia vida?» Pero la verdad es que el pecador no está haciendo su voluntad, sino la del pecado. Una persona puede dejar que un hábito la tenga en un puño de tal manera que no pueda soltarse. Puede dejar que el placer la domine tan totalmente que ya no se pueda pasar sin él. Puede dejar que alguna autolicencia se adueñe de tal manera de ella que le resulte imposible desligarse. Puede llegar a tal estado que, al final, como decía Séneca, odia y ama su pecado al mismo tiempo. Lejos de hacer lo que quiere, el pecador ha perdido la capacidad de hacer su voluntad. Es esclavo de sus hábitos, autolicencias, seudoplaceres que le tienen dominado. Esto es lo que Jesús quería decir. Ninguna persona que peca se puede decir que es libre.

 

Entonces Jesús hace una advertencia velada, pero que sus oyentes judíos comprenderían muy bien. La palabra esclavo le recuerda que, en cualquier casa, hay una enorme diferencia entre un esclavo y un hijo. El hijo es un residente permanente de la casa, mientras que al esclavo se le puede echar en cualquier momento. En efecto, Jesús les está diciendo a los judíos: «Vosotros creéis que sois hijos en la casa de Dios y que nada, por tanto, os puede arrojar de vuestra posición privilegiada. Tened cuidado; por vuestra conducta os estáis poniendo en el nivel del esclavo, y a éste se le puede arrojar de la presencia del amo en cualquier momento.» Aquí hay una amenaza. Es sumamente peligroso comerciar con la misericordia de Dios, y eso era lo que los judíos estaban haciendo. Aquí hay una seria advertencia para nosotros también.

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